Fiesta de la Divina Misericordia de 2010

   

S.E.R. Cardenal D. Antonio María Rouco Varela presidió la Santa Misa en la Catedral de la Almudena de Madrid, el segundo Domingo de Pascua

Antes de comenzar la Santa Misa se rezó el Rosario de la Divina Misericordia, con meditación de D. Luis Domingo, Vicario Episcopal de la Vicaría II, a la que pertenece la Parroquia Virgen del Mar, Santuario de la Divina Misericordia de Madrid.

   

   
Domingo de la Divina Misericordia 2010. Santa Misa en la Catedral de la Almudena.
   
   

Llegada del Sr. Cardenal a la Catedral de Ntra. Sra. de la Almudena, para la celebración de la Santa Misa.

   
   
Aspersión con agua bendita a los asistentes, antes del comienzo de la Santa Misa.
   
   
Lectura por el Sr. Cardenal.
A la izquierda del Altar, próximo al Cirio Pascual, está el cuadro de Jesús Misericordioso.
   
   
Incensación del Altar
   
   
Al final de la Santa Misa, el Sr. Cardenal dio la bendicion a los asistentes.
Terminada la celebración, se cantó el himno a la Virgen de la Almudena, cuya imagen se puede ver en la fotografía, en el retablo a la derecha del altar, subiendo las escaleras.
   
   
   
   
   
   
   
   
Las 4 fotografías anteriores fueron tomadas el Domingo de la Divina Misericordia después de la Santa Misa, a la salida de la Catedral de la Almudena por la puerta lateral de la calle Bailén, la que se utiliza normalmente.
   
   
Delalle de la puerta principal de la Catedral de la Almudena, que solo se abre en determinadas ocasiones. Fotografía del Domingo de la Divina Misericordia, a la caída de la tarde.
   
   
En la fachada principal, arriba, hay una imagen de la Virgen de la Almudena. A sus lados, las estatuas de cuatro santos españoles: San Isidro Labrador, Santa María de la Cabeza, Santa Teresa de Jesús y San Fernando Rey. Más abajo, una vidriera con la Virgen de la Flor de Lis, y las estatuas de los cuatro Evangelistas. Todavía más abajo, dos grandes escudos: a la izquierda el escudo Pontificio, y a la derecha el escudo de la Casa Real española. El papa Juan Pablo II consagró la Catedral de la Almudena durante su cuarta visita a España, en 1993. Cerca de los escudos, en dos hornacinas que no se ven en la fotografía, están las estatuas de San Pedro y San Pablo.
   

   
Meditación sobre la Divina Misericordia.

Texto completo de la Meditación, por D. Luis Domingo, Vicario Episcopal, Vicaría II, antes del Rosario de la Divina Misericordia en la Catedral de la Almudena.

   
1. Fiesta de la Divina Misericordia

{Agradezco al P. Diego Martínez Linares, Presidente del Movimiento Apostólico de la Divina Misericordia de Madrid, la oportunidad que me ofrece de orar con este numeroso grupo de cristianos en el corazón de la Diócesis, que es la Santa Iglesia Catedral. Nuestras miradas están centradas en el Corazón de Cristo y nos acompaña nuestra Madre de la Misericordia.}

En este segundo domingo de Pascua la Iglesia Católica celebra en el mundo entero la Fiesta de la Divina Misericordia. Esta fiesta fue incorporada al calendario litúrgico por el Papa Juan Pablo II el día 30 de abril del año jubilar 2000, con motivo de la canonización de Santa Faustina Kowalska. Se cumplía, de esta forma, el deseo del mismo Jesús expresado a Santa Faustina el 22 de febrero de 1931, el mismo día en que le pidió que pintara su imagen, y le dijo: Yo deseo que haya una Fiesta de la Divina Misericordia. Quiero que esa imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia (D.48)

La elección del segundo domingo de Pascua para celebrar esta fiesta indica la estrecha relación que existe entre el misterio pascual y la Misericordia divina. La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo son, en efecto, la más grande manifestación de la Misericordia de Dios Padre hacia los hombres, especialmente hacia los pecadores. Esta relación está subrayada por la novena que precede a la fiesta, que se inicia el Viernes Santo y se prolonga hasta el domingo segundo de Pascua.

Jesús mismo le explicó a Santa Faustina Kowalska el motivo por el cual establece esta fiesta: Las almas mueren a pesar de mi dolorosa pasión...Si no adoran mi Misericordia, morirán para siempre. (D.65)

Es significativo que la fiesta fuera promulgada por el Papa Juan Pablo II que, en su primera encíclica Redemptor hominis, afirma: El hombre es el camino primero y fundamental de la Iglesia, camino trazado por el mismo Cristo, vía que conduce a través del misterio de la Encarnación y la Redención.(1) Y en su segunda encíclica, Dives in misericordia, a la que quizás no se ha dado la suficiente importancia, el Papa habla del Verbo encarnado, revelación del amor del Padre al hombre redimido, y de la Iglesia sacramento de amor misericordioso para toda la humanidad.(2)

Ambos mensajes estarán presentes a lo largo del rico magisterio de Juan Pablo II. Así, en la homilía de la Fiesta de la Divina Misericordia de 22 de abril de 2001 asegura el Papa que, fuera de la misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre.

(1) JUAN PABLO II. Redemptor hominis, 14 a. (1978)
(2) ID. Dives in misericordia (1980)

   
2. Dios se revela en toda la historia de la salvación como Dios misericordioso.

Interpretando las Escrituras, podríamos decir que, si en el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (Jn 1,1) y, a través de ella surgió toda la creación (Gn. 1,1), en el principio histórico-salvífico está la misericordia, y ésta se mantiene constante en toda la historia de la salvación.

En el origen del proceso salvífico está presente una acción amorosa de Dios: En Éxodo dice Yahveh: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos y he bajado a liberarlos (Ex 3,7s). Dios escucha los clamores de un pueblo sufriente y, por esta razón, emprende su acción liberadora.

El tema de la misericordia de Dios no está aislado sino que se halla profundamente enraizado en la Biblia. En Ezequiel Dios dice: Yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva» (Ez 33,11). Miqueas dice que Dios se complace en tener misericordia (Mi 7,18), esto es, experimenta el gozo al ejercer la misericordia con el pecador. El verbo hebreo que emplean las Sagradas Escrituras es ra·jám que significa sentir un amor entrañable; ser compasivo.

Llena está la Revelación de testimonios que pregonan la divina misericordia. Pone en labios del mismo Dios, expresiones como: Pero tú, Dios del perdón, clemente y compasivo, paciente y misericordioso, no los abandonaste (en Nehemías 9,17). Y Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no se retirará de ti mi misericordia, ni mi alianza de paz vacilará, dice el Señor que te quiere (en Isaías 54,10).

Con frecuencia los profetas y salmistas expresan el amor misericordioso de Dios ¿Qué Dios como tú perdona el pecado y absuelve la culpa al resto de su heredad? No mantendrá siempre la ira, pues ama la misericordia; volverá a compadecerse, destruirá nuestras culpas, arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados. (canta Miqueas en el poema del destierro 7, 18). Rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, que es clemente y misericordioso, tardo a la ira, grande en misericordia, y se arrepiente de castigar (dice Joel 2, 13). Sabía que tú eres Dios compasivo y clemente; paciente y misericordioso. Y que se arrepiente de las amenazas (afirma Jonás 4,2). El Señor es compasivo y clemente, paciente y misericordioso; no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas; como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su misericordia sobre sus fieles (canta el salmista en Sal 102, 8-11).

La misericordia frente a la infidelidad del pueblo, expresada con el término hebreo de hesed, es el rasgo más sobresaliente del Dios de la Alianza y recorre la Biblia de un extremo a otro. El salmo 136 lo repite en forma de letanía, explicando, con ella, todos los acontecimientos de la historia de Israel: Porque es eterna su misericordia.

Jesús justifica su comportamiento con los pecadores diciendo que así actúa el Padre celestial. A sus detractores les recuerda la palabra de Dios en los profetas: Misericordia quiero, y no sacrificios (Mt 9, 13).

Ser misericordioso se presenta así como un aspecto esencial del ser, formado a imagen y semejanza de Dios. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6, 36) nos recuerda el antiguo: Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo (del Levítico 19, 2)

Pero lo maravilloso de la misericordia de Dios, es que Él experimenta alegría al ejercer la compasión con el que ha pecado. Jesús concluye la parábola de la oveja perdida diciendo: Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión (Lc 15, 7). La mujer que encontró la dracma perdida grita a sus amigas: Alegraos conmigo. En la parábola del hijo pródigo, además la alegría desborda y se convierte en fiesta con banquete incluido.

La Misericordia es, pues, el principio fundamental de toda la acción de Dios que, a través de ese ejercicio continuo de clemencia y de gracia, manifiesta la presencia del mismo Dios en la historia de la humanidad.

   
3. La misericordia de Jesús

Jesucristo, el Verbo Encarnado es la manifestación de la bondad de Dios Padre. El ministerio de Jesús fue una continua revelación de admirable misericordia para los enfermos, los lisiados, los ignorantes, los débiles, los pequeños y, especialmente, para los pecadores.

Los evangelios nos dicen que Jesús se siente verdaderamente conmovido en sus entrañas, ante el sufrimiento humano. Viendo a un leproso, Jesús conmoviéndose de piedad en sus entrañas, le cura (Mc. 1, 41). Al ver a la muchedumbre siente compasión de ella, porque estaban fatigados y abatidos como ovejas sin pastor (...) y se puso a enseñarles. (Mt. 9,36). Y, cuando ve a la gente extenuada y hambrienta, Él mismo dice siento compasión por esta gente (Mc. 8, 2) y se preocupa de alimentarles, buscando la colaboración de sus discípulos.

Jesús refleja la misericordia de Dios hacia los pecadores, pero se conmueve también ante todos los sufrimientos y necesidades humanas: cura a los enfermos, consuela a los tristes y libera a los oprimidos por el mal. El evangelista dice de Jesús: Tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades (Mt 8, 17).

Es constante la acogida que Jesús dispensa a los pecadores en el Evangelio, y la oposición que ello le procuró por parte de los defensores de la ley, quienes le acusaban de ser un comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores (Lc 7, 34). Uno de los dichos históricamente mejor atestiguados de Jesús es: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. (Mc 2, 17) Sintiéndose por Él acogidos y no juzgados, acudían a él y le escuchaban gustosamente.

La misericordia y el perdón no es el único ministerio que ejerce Jesús, pero sí es el que está en su origen, orienta toda su vida y su misión. A veces aparece explícitamente en los relatos evangélicos la palabra misericordia, y, en otras, no. Pero, con independencia de ello, siempre aparece como transfondo de la actuación de Jesús el sufrimiento de la muchedumbre, de los pobres, de los débiles, de los privados de dignidad, ante quienes se le conmueven las entrañas. Jesús realiza con frecuencia curaciones tras la petición: ten misericordia de mí, y actúa porque siente compasión de esa persona.

En el evangelio de san Mateo convoca Jesús a los que sufren y se presenta a ellos como manso y humilde de corazón: Venid a Mí los que estáis cansados y agobiados (..) y aprended de Mí, que soy manso y humilde corazón (Mt. 11, 28). La carta a los Hebreos (cf. Heb. 5, 1.10) nos ayuda a comprender estas dos virtudes del Corazón de Jesús, la mansedumbre y la humildad. El Sumo Sacerdote es comprensivo y amable con los hombres y capaz de comprender a ignorantes y extraviados porque está también él envuelto en flaqueza y debilidad (Heb. 5, 2). Es humilde ante Dios, porque nadie se arroga esta dignidad si no es llamado por Dios (Heb.5, 4). Según la carta a los Hebreos, esta descripción del sumo sacerdote encuentra su perfecta realización en Cristo, el verdadero y único sacerdote, lleno de misericordia hacia sus hermanos. (Heb. 2, 17)

Cuando Jesús quiere hacernos comprender lo que es el ser humano perfecto, que Dios quiere, expone la parábola del buen samaritano. Nos hallamos ante un momento solemne en los evangelios que va más allá de la curiosidad por saber cuál es el mayor de los mandamientos. Se trata, en dicha parábola, de decirnos cómo ha de ser y actuar el hombre perfecto. De forma sencilla, puede apreciarse esto en el hecho de que el samaritano sea presentado por Jesús como ejemplo consumado de quien cumple el mandamiento del amor al prójimo. Pero en el relato de la parábola no parece que el samaritano socorra al herido para cumplir un mandamiento, por excelso que este sea, sino que lo hizo porque tuvo compasión. De él dice Jesús que practicó la misericordia con él (Lc.10,37)

El ser humano imitador de la bondad de Dios Padre es, pues, el que interioriza en sus entrañas el sufrimiento ajeno, de tal modo que esa tribulación se hace parte de él y se convierte en principio interno, primero y último de su actuación. Un ser humano es, para Jesús, quien reacciona con misericordia ante el abatimiento ajeno. De lo contrario, ha quedado viciada de raíz la esencia de lo humano, como ocurrió con el sacerdote y el levita, que dieron un rodeo.

Y a ese ser humano Jesús proclama dichoso ¡Dichosos los misericordiosos! porque ellos alcanzarán misericordia. En esto consiste la felicidad que ofrece Jesús: Dichosos, benditos vosotros, los que ejercitáis la misericordia, los de ojos limpios, los que trabajáis por la paz, los que tenéis hambre y sed de justicia, los perseguidos por ella, los pobres...

   
4. La misión de la Iglesia consiste en manifestar el amor de Dios

La Iglesia, en cuanto Iglesia, y cada uno de nosotros los bautizados, debemos releer la parábola del buen samaritano con la misma expectativa, con el mismo temor y temblor con que la escucharon los oyentes de Jesús. Muchas cosas debe ser y hacer la Iglesia del Señor; pero, si no está transida de la misericordia de la parábola, si no es, antes que nada, buena samaritana, todas las demás cosas serán irrelevantes y podrán ser incluso peligrosas, si se hacen pasar por su principio fundamental.

¿Cómo es una Iglesia que se parece a Jesús? Parecerse a Jesús es imitarle y seguirle como discípula. Según los evangelios, esto significa comprometerse y llegar a ser carne real en la historia real del mundo. Significa llevar a cabo una misión, anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Significa cargar con el pecado del mundo, sin quedarse mirándolo sólo desde fuera (pecado, por cierto, que sigue mostrando su mayor fuerza en el hecho de que da muerte a millones de seres humanos.) Significa, por último, resucitar, teniendo y dando a los demás vida, esperanza y gozo.

En el Credo proclamamos nuestra fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. La teología les señala como notas de la verdadera Iglesia de Jesús. La Iglesia de la misericordia se hace notar como verdadera Iglesia de Jesús, la que se parece a El. La credibilidad de la Iglesia procede de su capacidad de mostrar la misericordia, precisamente porque esta está ausente en nuestro mundo.

La misericordia es también una bienaventuranza; y, por ello, la Iglesia de la misericordia es una Iglesia que siente gozo, y por eso puede mostrarlo. Y de esta forma la Iglesia puede comunicar que su anuncio, de palabra y de obra, es eu-aggelion, la buena noticia que no sólo es verdad, sino que produce gozo.

Decía el Cardenal Rouco en el año Jubilar 2000: El amor de Dios manifestado en Cristo no es sólo el origen y la fuente de la Iglesia, sino también su forma de vida (3). Estos son algunos rasgos fundamentales de la identidad y misión de la Iglesia, según el Cardenal.

- El cristiano, tocado por el amor de Dios en Cristo, reconoce en todo hombre, principalmente en el más pobre, solo y necesitado, el rostro de un hermano, más aún, del primogénito de los hermanos que se refleja en muchos hermanos: el rostro de Cristo.

- La relación con el rostro del otro llega a su cumplimiento cuando el otro me reconoce también a mí como su hermano: el amor cristiano tiene una dinámica de creación de comunión eclesial. Lo expresa el Señor al dar el mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros como yo os he amado (Jn.15,12)

- Como el amor de Dios Padre se encarnó en el Hijo, así también el amor cristiano y eclesial ha de encarnarse, hacerse historia, palabra y gesto. Tiene que encarnarse en todas las dimensiones y ámbitos en la vida del hombre: la personal, la familiar, la social, la política, la institucional.

Predicando los ejercicios espirituales a la Curia Romana en el Año Jubilar 2000, el cardenal Van Thuân, aludiendo al rito de apertura de la Puerta Santa, dijo: Sueño una Iglesia que sea una "Puerta Santa", abierta, que abrace a todos, que esté llena de compasión y comprensión por todos los sufrimientos de la humanidad y que esté dispuesta a consolarla.

El mismo Juan Pablo II, en su encíclica dives in misericordia, presenta también una Iglesia misericordiosa. La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia—el atributo más estupendo del Creador y del Redentor—y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora.(4) (Hasta aquí las palabras del Papa)

La Iglesia del Dios de la Misericordia ha de ser ella misma rica en misericordia. De la actitud de Cristo hacia los pecadores la Iglesia ha de aprender a imitarle: Él no hace trivial el pecado, pero encuentra el modo de no alejar jamás a los pecadores, sino más bien de atraerlos hacia sí. No ve en ellos sólo lo que son, sino aquello en lo que se pueden convertir, si son tocados por la misericordia divina en lo profundo de su miseria y desesperación. No espera a que acudan a Él sino que es Él quien va a buscarles.

(3) Cf. A Mª ROUCO VARELA. El Voluntariado y las Instituciones Caritativas católicas. Carta pastoral, .11 (2000)
(4) JUAN PABLO II, Dives in misericordia, (1980) cap. 7, nº 13

   
5. La Iglesia en este tiempo pascual nos invita a contemplar el costado abierto de Jesús

Dice el discípulo amado, testigo y autor del cuarto evangelio que, muerto ya el Señor, uno de los soldados se acercó con la lanza y le traspasó el costado y, al punto salió sangre y agua. (cf. Jn 19, 34)  La sangre evoca el sacrificio de1 Gólgota y el misterio de la Eucaristía. El agua, según la rica simbología del evangelista San Juan, alude al bautismo y al don del Espíritu Santo. Un don que brota de las heridas de sus manos, de sus pies y sobre todo de su costado traspasado.

Del Corazón abierto de Cristo rebosante de ternura, santa Faustina Kowalska vio salir dos haces de luz que iluminaban el mundo. Los dos rayos –como le dijo el mismo Jesús- representan la sangre y el agua (Diario, p. 132). Desde allí una ola de misericordia inunda toda la humanidad. Revivamos este momento con gran intensidad espiritual. También a nosotros el Señor nos muestra hoy sus llagas gloriosas y su corazón, manantial inagotable de luz y verdad, de amor y perdón.

En el Misterio del Corazón de Cristo, que hoy celebramos, la Iglesia quiere revelarnos la humanidad de Dios y quiere hacernos sentir la cercanía entrañable de un Dios, que, en Cristo, se hace todo corazón y todo amor. En el Corazón de Jesús podemos descubrir a un Dios que es capaz de llegar a nosotros con sentimientos humanos, para que nosotros, como respuesta, entremos en este Misterio de amor y le entreguemos a Dios, en el Corazón de Cristo, todo el amor del que somos capaces y todos nuestros sentimientos de gratitud y de confianza.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Sal 117, 1). Hagamos nuestra la exclamación del salmista, que cantaremos hoy en el Salmo responsorial: la misericordia del Señor es eterna. Para comprender a fondo la verdad de estas palabras, dejemos que la liturgia nos guíe al corazón del acontecimiento salvífico, que une la muerte y la resurrección de Cristo a nuestra existencia y a la historia del mundo. Este prodigio de misericordia ha cambiado radicalmente el destino de la humanidad, reconciliada por Cristo con Dios.

   
6. Virgen del Mar y santuario de la Misericordia

En la Vicaría II de nuestra Archidiócesis se halla el santuario diocesano de la Divina Misericordia en la parroquia de Virgen del Mar. Ella, María, está siempre junto a Jesús y Ella nos lleva a El, fuente de la Misericordia.

Sigamos, una vez más, el magisterio de la mano de Juan Pablo II que nos dice:

María es la que de manera singular y excepcional ha experimentado —como nadie— la misericordia y, también de manera excepcional, ha hecho posible con el sacrificio de su corazón la propia participación en la revelación de la misericordia divina. Tal sacrificio está estrechamente vinculado con la cruz de su Hijo, a cuyos pies ella se encontraría en el Calvario… Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el « beso » dado por la misericordia a la justicia.

A la Madre de la Misericordia nos encomendamos en el Rosario que vamos a rezar. Con ella recorremos los misterios de gloria, como le hemos acompañado en el camino del Calvario.

   

   
El Domingo de la Divina Misericordia
En memoria del Siervo de Dios Juan Pablo II

Se transcribe el texto completo de la intervención del Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid en la Cadena COPE de radio, en la mañana del Domingo de la Divina Misericordia.

   
Mis queridos hermanos y amigos:

Hoy concluye la Octava de Pascua con la celebración del segundo Domingo del Tiempo Pascual que en la Oración Colecta sintetiza con una concisión teológica de extraordinaria belleza lo que significa para la Iglesia el retorno anual de las fiestas Pascuales: el poder comprender mejor “la inestimable riqueza del Bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido”. La Iglesia se hace además expresamente consciente de que “esa riqueza”, espiritual en su raíz y esencia, alcanza al hombre en la totalidad de su ser: sí, a cada persona, a la sociedad y a toda la familia humana. Es un don del “Dios de misericordia infinita” y que la Iglesia transmite fielmente a lo largo de los siglos. No es extraño pues que el Siervo de Dios, nuestro inolvidable Juan Pablo II, hubiese querido en el último período de su Pontificado que la celebración litúrgica de este Domingo, conclusivo de los ocho días de celebración jubilosa de la Solemnidad de la Resurrección gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia lo viviese y configurase como “el Domingo de la Divina Misericordia” que una Santa de su tierra polaca, “Santa Faustina”, movida por un carisma extraordinario del Espíritu Santo, habría subrayado, como especialmente necesaria para los hombres de “la Modernidad”. Una época y una cultura marcada tan decisiva y dramáticamente por el ideal de un humanismo, que orgullosa y autosuficientemente creía poder prescindir de Dios en la concepción y en la realización de la vida personal y social del hombre. Más aún, que pretendía construir todo el edificio de “la civitas mundi” –de “la ciudad terrena”-, en expresión de San Agustín, sin fundamento divino alguno, ni en el orden moral, ni en el orden jurídico, ni en el sistema de costumbres y valores culturales de los pueblos y de la entera humanidad. Según las tesis del “humanismo ateo” había que desechar cualquier tipo o forma de “la Civitas Dei” –de una “Ciudad de Dios”- en la proyección de “la ciudad humana”. Ni un solo rastro de referencia a la ley y a la gracia de Dios debería de tenerse en cuenta a la hora del diseño de un orden social moderno, ni siquiera habría de contemplarse al tratar de “la figura” moderna de hombre: ¡el hombre no necesita a Dios y mucho menos su perdón! No hay hombre pecador. ¿Cómo olvidar en este contexto histórico-cultural la famosa frase de Karl Marx sobre “la religión como opio del pueblo”? La historia del proyecto del humanismo ateo, pensado y llevado a la práctica en los momentos de mayor encrucijada del siglo XX, la conocemos. Su resultado no pudo ser más trágico. Hundió al mundo en una conflagración mundial con unos terribles efecto de muertes, de matanzas masivas, de ruinas materiales y espirituales sin precedentes.

Juan Pablo II había vivido la tragedia, en carne viva, como joven testigo y víctima de la misma. Pero simultáneamente había experimentado antes y después de la II Guerra Mundial -iniciada con una criminal agresión a su patria y que había concluido dejándola en una inmensa desolación- como la Misericordia de Dios, derramada sobre el mundo desde el día de la Pascua del Señor a través de la Comunión de la Iglesia, hacía brotar en los corazones y en las almas una nueva e irrevocable esperanza de que siempre –y ya en la historia– la Gracia de Cristo, muerto en la Cruz y Resucitado por nosotros, es invencible, resurge una y otra vez hasta lo que ya en la perspectiva final de la historia será su triunfo definitivo. “Los poderes del infierno no prevalecerán contra ella”, había oído Pedro de los labios de Jesús. Frase referida en directo a la Iglesia, pero sostenida en su fondo por la certeza que venía de Él, de que “es eterna su misericordia”. No se pueden negar la terrible realidad y poder del pecado. ¡Hay pecado! Sin embargo, mayor es la misericordia. El perdón de los pecados es posible, más aún, es realidad que se opera en el Bautismo para todo hombre que no endurece su corazón hasta el límite de no dejar ningún resquicio de una mínima apertura a la humildad que se haga oración suplicante. Y es perdón que sigue siempre abierto por el Sacramento de la Reconciliación para el bautizado que hubiera traicionado el don del Espíritu Santo recibido en el día su bautismo por el agua y por el Espíritu. Y al perdón misericordioso del pecado acompaña y sigue “el renacimiento” por el Espíritu a una vida nueva, adquirida y ganada por la sangre derramada por Cristo para nuestra redención, es decir, a una “Vida Nueva” nacida del amor misericordioso de Dios: de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, de Dios “que es Amor”.

¡Cómo necesita el hombre de hoy, cómo necesita nuestra época, saber por la experiencia auténtica del corazón, confundido y frustrado por tantas experiencias de libertades destructoras de lo mejor de lo humano, lo que vale y lo que libera el perdón y la misericordia que sanan el alma y la infunden vida nueva, en una palabra, esperanza en la victoria de la verdadera felicidad, en la victoria del Amor -con mayúscula-, capaz de vencer la muerte interior y la muerte exterior y de cambiar “condenación” por “Vida eterna”!

Hoy, de nuevo, con la memoria agradecida de nuestro querido Juan Pablo II, nos acercamos a la celebración de la Eucaristía, como el gran Sacramento donde nos alimentamos y refrescamos -ya el alma arrepentida y reconciliada-, con la Carne y la Sangre Santísima de nuestro Redentor, ofrecidas al Padre para la vida del mundo. Su Madre, la Virgen María, Madre de la Misericordia, Virgen de la Almudena, nos lleva de la mano hasta esa fuente inagotable del amor misericordioso que es el Divino Corazón de su Hijo, para que no nos apartemos jamás de Él.

Con todo afecto y mi bendición,

   

   
Cartel de la fiesta de la Divina Misericordia 2010
   

CATEDRAL DE NTRA. SRA. DE LA ALMUDENA

Fiesta de la Divina Misericordia 2010

11 de abril de 2010

17,00 h.
Rosario de la Divina Misericordia meditado por D. Luis Domingo, vicario de la Vicaría II de Madrid

18,00 h.
Solemne Eucaristía presidida por el Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid D. Antonio Mª Rouco Varela

Organiza: Movimiento Apostólico de la Divina Misericordia de Madrid
Santuario diocesano de la Divina Misericordia de Madrid.
c/Peones 3 - 28037 Madrid
Tel 917600169 y 913242366.
Metro: línea 7, estación San Blas. Autobuses líneas 38 y 48.

"Los sacerdotes, testigos y dispensadores de la misericordia de Dios"

   

   
La Fiesta de la Divina Misericordia 2010 en Madrid
(Texto publicado en el Boletín 24)
   
Como sabemos, el II Domingo de Pascua, y por disposición de nuestro venerado Papa Juan Pablo II, se celebra en todo el mundo la Fiesta de la Divina Misericordia. Este año 2010 la Festividad ha sido el día 11 de abril. Y, como es ya habitual, por la mañana hubo una misa solemne, a las 12.30 en el Santuario de la Divina Misericordia de Madrid (c/ Peones, s/n, Madrid, en San BIas), que resultó muy concurrida, y donde se dio a besar la reliquia de Sta. Faustina Kowalska. Y por la tarde, en la Catedral de Nuestra Sra. de la Almudena, se celebraron, como estaba anunciado, los solemnes actos, de la manera siguiente:

- A las 16.30: Lecturas tomadas del Diario de Sta. Faustina, por miembros del movimiento

- A las 16.45: Presentación del Movimiento por Pilar, nuestra secretaria, y saludo y acogida por nuestro presidente el P. Diego Martínez, que leyó el Decreto del Jubileo y presentó al P. Luis Domingo

- A las 17:00: charla por el P. Luis Domingo, vicario de la Vicaría II de Madrid, sobre la Divina Misericordia, que resultó muy adecuada y estimulante

- A las 17:35: Rosario de la Divina Misericordia, dirigido por nuestra hermana Gloria

- A las 18:00: Solemne Eucaristía presidida por el Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid, D. Antonio María Rouco Varela, que efectuó una emotiva homilía y una animosa charla de despedida al acabar la Misa; y con el canto del himno a la Virgen de la Almudena, nuestra Patrona, se clausura el acto pasadas las 19:35 h.

Durante este tiempo hubo muchos confesores para quienes quisieron acercarse también al sacramento de la Penitencia. Nos cabe la satisfacción de destacar que este año la celebración ha sido más concurrida que los años anteriores, y que el fervor de los fieles durante los actos ha sido notable, a pesar de que, lamentablemente, muchos tuvieron que permanecer de pie. Pero todo inconveniente se soporta bien, si es por exaltar a la Divina Misericordia y extender la Devoción lo más posible, pues en estos tiempos tan difíciles en que vivimos, ¿qué mejor protección podemos esperar que la del propio Jesús Misericordioso? Por eso nos alegramos tanto de que cada año tenga más éxito la celebración de nuestra bendita Fiesta de la Divina Misericordia, y de que podamos asistir a estos actos para dar gracias públicamente a Jesús Misericordioso por todos los beneficios que nos ha otorgado, y poderle repetir una vez más, con amor y sinceridad, para que no cese la protección sobre nosotros y nuestras familias y amigos, y sobre Madrid, y sobre España, y sobre el mundo entero nuestro lema: ¡Jesús, confío en ti!

   

   
El Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid, en el Santuario de la Divina Misericordia
   
El día 5 de octubre de 2009, con motivo de la festividad de Santa Faustina Kowalska, y el comienzo del nuevo curso, el Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid, D. Antonio María Rouco Varela, presidió la celebración de la Santa Misa en la Parroquia Virgen del Mar, Santuario de la Divina Misericordia de Madrid.
   
   

   

   

   

   
Otras fotografías del Sr. Cardenal Arzobispo en la Parroquia Virgen del Mar, Santuario de la Divina Misericordia de Madrid, se pueden ver en Festividad de Santa Faustina Kowalska 2009.
   

   
Grupos de la Divina Misericordia de España, en Santiago de Compostela
 
ENCUENTRO NACIONAL DE ORACIÓN DE LA DIVINA MISERICORDIA
Santiago de Compostela, 10 de octubre de 2010

En el último encuentro que tuvo lugar en Madrid, de los diferentes grupos de la Divina Misericordia que existen en España, se decidió que el próximo tuviera lugar en Santiago con motivo del Año Santo compostelano, y para ello os anunciamos la celebración del mismo con el siguiente programa:

- 11:00 Encuentro y presentación de todos los grupos en el Seminario Menor
- 12:30 Almuerzo
- 13:30 Salida en procesión hacia la Catedral. (Llevar los estandartes si es posible)
- 14:30 Entrada en la Catedral
- 14:45 Exposición del Santísimo por Mons. Julián Barrio, Arzobispo de Santiago
- 15:00 Hora de la Divina Misericordia
- 16:00 Santa Misa presidida por el Sr. Arzobispo, Mons. Julián Barrio

Los grupos que vienen de lejos es conveniente que llegaran el día 9, para el alojamiento se ha previsto utilizar el albergue del Seminario Menor en habitaciones compartidas a un precio de 12,50€ cada noche. Para reservarlo podéis llamar al teléfono 676.654.549 o escribir a mcalcoz@terra.es antes del 20 de julio. También podéis contactar con el responsable del movimiento en cada lugar para ampliar información sobre el viaje de cada grupo en particular. En Madrid pueden llamar al teléfono: 918.892.928 (Goyi Cáceres)
(Texto tomado del Boletín 24)

   

 

  Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina, espiritualidad de la Divina Misericordia, Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia:  
                       
Hoja 1 Diario     Madre de Misericordia Hoja 8
Hoja 2 Santa Faustina     Referencia al aborto Hoja 9
Hoja 3 Santuarios     Santos Angeles Hoja 10
Hoja 4 Biografía     Misericordia al prójimo Hoja 11
Hoja 5 Indulgencias     Fiesta Madrid 2004 F2004
Hoja 6 Fiesta Madrid 2003     Fiesta Madrid 2005 F2005
Hoja 7 Madrid 1956-2006     Fiesta Madrid 2006 F2006
Hoja 7b Madrid 2007-2009     Fiesta Madrid 2007 F2007
Hoja 7e Madrid 2010     Fiesta Madrid 2008 F2008
Faustinum Asociación Faustinum     Fiesta Madrid 2009 F2009
Boletín Boletines informativos     Fiesta Madrid 2010 F2010