| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Libro Tercero.
Capítulo 8. Vence la
fogosa y devota actividad de Bernardo los embarazos que
se oponen a la impresión de su librito del Corazón
Sagrado de Jesús.
Deseaba ardientemente Bernardo que se imprimiese el librito 1del Sagrado Corazón de Jesús para esparcirle por todo el mundo, y por toda España, pero era forzoso que esta su idea sufriese las dilaciones que de ordinario llevan la impresión de libros,2 y la que necesitaba este asunto de una devoción nueva y desconocida en toda España. No adelantaban mucho las activas diligencias del joven, aunque procedidas de hombres autorizados. Como esta causa era tan propia del Corazón de Jesús, este Señor daba cada día mayores alientos a su amante siervo. Prevenido Bernardo el día de la Santa Cruz,3 en que se cumplía un año después del primer favor del Sagrado Corazón de Jesús en una fervorosa novena, dio humildes gracias al mismo Divino Corazón por este favor inestimable. Agradóse mucho el mismo Sagrado Corazón en ese obsequio, y entendió el joven que debía tener por uno de los mayores favores4 que había recibido de la bondad Divina, que Jesús le hubiera escogido para propagar los cultos de su Corazón. Las exclamaciones fogosas con que Bernardo desahoga su inflamado espíritu al conocer esta dicha, declaran bien su grandeza: Oh Padre mío! (exclama escribiendo a su Director) qué felices somos! Qué dicha tan grande! Que el Señor nos haya abierto los tesoros de su Corazón¡ Oh qué fortuna! Que nos haya querido, aunque tan inútiles, por instrumento para extender su culto! Oh amado Padre! Ofrezcámosle nuestros corazones, nuestras vidas y nuestra sangre, todo consagrado a su Corazón, y a la propagación de su culto. Oh si yo pudiera tener una voz que (se) oyese en todo el mundo, para clamar y descubrir a los hombres ese tesoro escondido! Oh, quiera el mismo Corazón dar eficacia a nuestras ideas y perfeccionar las que por nuestro medio se ha dignado empezar en España acerca de su culto. Hasta aquí las ardientes exclamaciones de este inflamado joven, que debieran encender el hielo de nuestros corazones en procurar las glorias del Sagrado Corazón de Jesús. Esas sus ansias que Bernardo declaraba con tanto ardor a los hombres, significaba con más sagrado empeño a los cortesanos del cielo. Pidió al príncipe de los ángeles San Miguel, en su día, 5que diese feliz suceso a las ideas de propagar el culto del Corazón Divino: respondióle el Santo Arcángel que ya estaba encargado el asunto de parte de la Santísima Trinidad, pero que se había de conseguir por los pasos y medios de la Divina Providencia: procediendo en esta causa como si fuese causa de los efectos del Divino Corazón, que los hombres que tanto lo deseaban cooperasen de su parte lo que pudiesen, y que después se dejasen en manos de la Divina Voluntad. Que echaría su bendición a sus deseos aunque por medios, al parecer, contrarios. Creo que esto último (dice Bernardo) alude a nuestro librito, de que parece pende grande progreso en España, y al mismo tiempo se nos dilata sin saber cómo: Pero, amado Padre, tomemos el consejo de ese amado Arcángel;, hagamos lo posible de nuestra parte, pero dejémonos en manos de la Divina Providencia, obremos como si en nosotros estuviese todo y dejémonos en las manos de Dios como si nuestras diligencias no hubieran de sentir6, o como quien todo lo espera de arriba. Hasta aquí el consejo prudentísimo de Bernardo, nunca bastantemente alabado ni bastantemente practicado en los negocios de la mayor gloria de Dios. Tomó muy a pechos practicar el consejo que le había dado San Miguel, y él inspiraba a otros; y así suplicó, rogó, instó y consiguió que el librito saliese a la luz pública; pero padeció las dilaciones de un año, que gastó en cuantas diligencias le inspiraba su ingenio fértil, inventivo y acalorado de su actividad, y con ardores más sagrados. Por este tiempo escribió muchos papeles al Rvdo. Padre Villafañe, Rector del colegio de nuestro Padre San Ignacio, para que consiguiese licencia del Padre Provincial 7para la impresión.(Lo) deseaba también el M. Rvdo. P. Manuel de Prado, amante protector de las ideas de Bernardo, a quien estimaba y amaba tiernamente; pero su cordial afecto no debía dispensar las precisas obligaciones de su autoridad y de su oficio. Era necesario para complacer a su amado joven y condescender a los ruegos de otros, que el librito pasase por la censura de los Padres Revisores; esta indispensable diligencia con todos nuestros libros se hacía más precisa y debía ser más severa en un asunto nuevo y que se ignoraba cómo sería recibida del público. Pasó el libro felizmente por la censura de muchos Revisores, que le aprobaron con más elogio del que su forma y estilo merecía.8 Juzgó Bernardo que, aprobado el libro, le tenía ya dado a la estampa, porque el M. R. P. Provincial deseaba complacerle y los P.P. (Padres) autorizados, que le protegían, le aseguraban la licencia para la impresión. Retardábase, no obstante, más de lo que deseaba la fogosidad activa del joven. La aprobación de los Padres Revisores fue remitida a Roma, como se estila en los libros de alguna monta, pues aunque éste era tan pequeño, la novedad del asunto y los recelos9 de la acepción que entendía la devoción del Corazón de Jesús, a que excitaba, pedía se procediese con prudente lentitud. Añadíase también a la favorable censura de los Padres Revisores de la Provincia, gran peso de autoridad con la aprobación de Roma, y así prudentemente se dilataban los deseos del joven por que lograsen después todos los esfuerzos de su santo celo. Después de muchos meses de suspensión en este pequeño asunto, que necesitaba la remisión de la censura a Roma y la respuesta, se hallaba vencida la dificultad de la licencia para la impresión. Mas cuando Bernardo creyó tener ya vencidos todos los embarazos para imprimir el libro, se le opusieron otros en que no había pensado.10 Había resuelto el Padre Provincial dar su licencia autorizada con la de N. M. R. P. General, cuando supo que el P. Misionero, celoso promotor de la devoción del Corazón de Jesús, había dado a luz pública un librito del mismo asunto: era éste el que con título de Incendios Sagrados, dio a la estampa en Murcia.11 Mostró bien cuán encendido estaba su corazón con el fuego, en que intentaba encender los corazones de sus oyentes y lectores de sus Incendios Sagrados; pues, sin tener particulares noticias de la devoción que publicaba, le inflamó su amante celo y le alumbró para que escribiese su libro. La noticia de que se había escrito y publicado ya un libro semejante al que Bernardo deseaba imprimir, hizo al P. Provincial suspender su licencia. Parecíale que era del todo ocioso ese segundo librillo, habiéndole prevenido el del P. Calatayud. Instaban, no obstante, Bernardo y los Padres autorizados que le favorecían, porque se diese al público el segundo librito, esperando que no sería inútil para la gloria del Sagrado Corazón de Jesús. Acabó de determinar la innata propensión que tenía el P. Provincial a dar la licencia, el mismo libro que la había retardado; porque llegando algunos ejemplares a Valladolid, se vio que los Incendios Sagrados inflamaban los corazones en la devoción del Corazón del Señor, pero no ilustraban bastantemente los entendimientos, habiéndose escrito a la luz de una devoción calurosa, sin las noticias necesarias para enseñar todo lo que pedía el asunto. Conociendo ya el P. Provincial que sería oportuna la impresión del libro de Bernardo, concedió benignamente su licencia. Superadas todas las dificultades domésticas, siguieron otras que no se habían previsto porque no eran regulares. Mas también éstas venció la actividad devota de nuestro joven. Valióse de un Jesuita12 de nuestro colegio de San Ambrosio, donde vivía, para con una persona muy ilustre, de quien dependía también el negocio. Ofrecióle el Padre sus buenos oficios y, cuando iba ya a practicarlos, no le fue posible la ejecución. Bernardo, a quien ningún suceso adverso detenía en su empeño, volvió su idea al R. P. Villafañe, que le había allanado los embarazos domésticos. Rogóle se dignase su Ra. tomar a su cuenta vencer el que ahora se le ponía, asegurándole que el Sagrado Corazón de Jesús lo quería y premiaría todo el trabajo y molestia. Eran más que críticas las circunstancias en que Bernardo pedía al P. Villafañe esa gracia; pero como el Divino Corazón quería vencidas todas las dificultades, se determinó el P. Rector de San Ignacio a complacer al joven, venciéndose generosamente y logrando el feliz suceso13 que necesitaba. No se puede admirar bastantemente la actividad devota de Bernardo en vencer cuanto se oponía a su designio, pero yo admiro más la tranquilidad, sosiego y paz, que ignoraba (brillaba ¿) en medio de éste, a los ojos humanos, bullicio fogoso. Las dilaciones no descomponían la serenidad de su espíritu, antes la ponían en más imperturbable calma. Esta dilación (dice Bernardo) aunque la siento en parte, me hace ver que el Señor quiere vayan las cosas de su edificio o Deífico Corazón caminando por dificultades, y que sin duda ese librito ha de servir no poco para promover este sagrado culto14, pues tantos pasos y deseos ha costado, pero mírolo todo en el Divino Corazón, y déjolo a su Providencia, que acaso dirige a algún fin, lo que a nosotros mortifica, y me inclino no poco a esto. Hasta aquí el P. Bernardo. |
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Se trata del Tesoro escondido, planeado y
pergeñado por Bernardo y redactado por el P. Juan de
Loyola, cuando estaba de Rector del colegio de Segovia. 2 Para imprimir un libro se necesitaba el permiso del P. Provincial, quien lo enviaba a unos censores para que estudiasen el contenido y la conveniencia de publicarlo. En caso de tratarse de una doctrina nueva o que pudiera de algún modo llamar la atención, se enviaba el libro a Roma para que de allí viniese o fuese denegado el permiso de impresión. Tal era nuestro caso. 3 El 3 de mayo de 1734. En efecto, un año antes es cuando el P. Hoyos sacó de la biblioteca el libro del P. Gallifet, que le había pedido su amigo Agustín Cardaveraz con objeto de darle algunos datos sobre la fiesta del Corpus, que él había de predicar en Bilbao. Es entonces cuando Bernardo se enteró por vez primera de la devoción al Corazón de Jesús. 4 Haber sido escogido por el Señor para extender su culto y devoción en España no es un favor pequeño. Puede compararse a la que hizo el Señor de Santa Margarita para Francia y la Iglesia en general. 5 29 de setiembre de 1733 6 Emplea aquí el P. Hoyos una máxima, atribuída con frecuencia a San Ignacio de Loyola: Hacer de nuestra parte todo, como si Dios no hiciese nada, y confiar en Dios totalmente como si nosotros no hiciéramos nada 7 Lo era entonces el P. Manuel de Prado, quien le había recibido en el noviciado de Villagarcía ocho años antes. 8 Modestia del P. Loyola, autor del libro. 9 No fueron fáciles los comienzos de la andadura del culto al Corazón de Jesús en la Iglesia. Los jansenistas atacaban esta devoción; el ambiente romano tampoco era propicio a ella, sino más bien reacio y reticente. Las revelaciones de Paray-le-Monial no fueron bien acogidas en Roma. A instancias de Santa Margarita escribirá el P. Croisset, en 1691, el primer libro sobre el Sagrado Corazón, titulado: La dévotion au Sacré-Coeur de Jesús-Christ; pues bien, ya en 1704, aparece en el Indice de libros prohibidos. La postura inicial de la Compañía de Jesús ante esta devoción fue más bien crítica y de rechazo. Publicado el libro del P. Croisset, el General de la Compañía, Tirso González, al cesar el Provincial que lo apoyaba, lo destierra a Lyon y le prohibe hablar con los jóvenes. ¿Cuáles eran sus recelos? No tanto del culto al Sagrado Corazón en sí mismo, cuanto de la comunión de los primeros viernes, de pedir una fiesta nueva...etc. Como más tarde diría el P. Gallifet: a quienes desean practicar o establecer la fiesta del Corazón de Jesús se les ve como si fueran una secta que viene a turbar la Iglesia. El P. Gallifet fue nombrado Asistente del General de la Compañía (para la asistencia de Francia) en 1724, y ve este nombramiento como signo providencial para promover desde Roma el culto litúrgico al Corazón de Jesús. Dos años después escribirá su famoso libro: De cultu Sacrosanti Cordis Dei ac Domini nostri Jesu Christi; y no sólo tendrá que luchar contra la Congregación de Ritos, sino también contra la incomprensión de los censores jesuitas romanos que le expresan su deseo de que no intervenga para obtener que la fiesta, misa y oficio del Sagrado Corazón se extiendan a toda la Iglesia. El que era por entonces Promotor de la Fe (el futuro Papa Benedicto XIV) se oponía a los argumentos que escribía el P. Gallifet en pro del culto al Corazón de Jesús. Como más tarde escribirá el P. Fita: Benedicto XIV, aunque devotísimo del Sagrado Corazón, cuyas congregaciones favoreció y dotó de varias indulgencias, habíase opuesto personalmente a la petición de Gallifet y los motvos que expuso en 1727 y en 1729, cuando era Promotor de la Fe, subsistían en su ánimo cuando empuño las llaves de San Pedro Sin embargo, respecto a la Compañía de Jesús, no tardó ésta en ver en este culto una tarea peculiarmente suya y se consagrará más tarde a su implantación en toda la Iglesia. Cuando el Papa Clemente XIII canoniza este culto concediéndole Misa y Oficio propios en 1765, comienza también en la Compañía el reconocimiento oficial y el impulso a esta devoción. En 1766 el P. General Lorenzo Ricci obtiene autorización para celebrar la fiesta del Corazón de Jesús, ayudado en esto por la actividad incansable del P. Dominique-Marie Calvi. Es principalmente con motivo de la tormenta que se cierne sobre la Compañía en casi todas las Cortes europeas cuando el P. Ricci invitará a toda la Compañía a encontrar en el Sagrado Corazón un refugio seguro: nullibi enim tutius quiescet (en ningún otro lugar descansará con tanta seguridad). Notemos que, por esa época, los Jesuitas estaban perseguidos en casi toda Europa: Pombal los expulsa de Portugal y sus colonias en 1759, Luis XV de Francia lo hará en 1762, Carlos III los destierra de España y de todas sus colonias en 1767; por instigación de Tanucci tendrán que salir de Nápoles en 1767, de Parma saldrán en 1768 y, para colmo, el Papa Clemente XIV, presionado por las cortes borbónicas y otros poderes fácticos, firmará el decreto de disolución de la Compañía en 1773. Podemos decir con el actual General, P. Peter Kolvenbach que: ...ése es el momento en que el Cuerpo apostólico de la Compañía como tal descubrió la devoción al Corazón del Salvador ((Conferencia en Paray-le-Monial, 2 julio 1988). A partir de entonces, la Compañía de Jesús se reafirmará cada vez con más fuerza en la práctica y fomento de esta devoción hasta la apoteosis, que tiene lugar en la aclamación por unanimidad y puestos todos en pie, del MUNUS SUAVISSIMUM (Agradable Encargo), durante la Congregación General XXIII, tenida en octubre de 1883, bajo la presidencia del P. Beckx. 10 Es propio de las obras de Dios el que encuentren no pocas dificultades y contratiempos, sobre todo en sus principios; para luego salir adelante y quedar patente que cuando el Señor quiere algo, acaba siempre haciéndose, a pesar de las oposiciones suscitadas. 11 Fruto del celo impetuoso del P. Pedro de Calatayud es este librito, que él publicó cuando estaba misionando el reino de Murcia, como tampoco esperó a que el P. Gallifet le contestara sobre el asunto de las congregaciones del Corazón de Jesús y se lanzó a fundar en Lorca la primera Congregación que del Corazón de Jesús hubo en nuestra patria. Sale este libro a fines de 1733. En el verano de ese mismo año apareció un Devoto Resumen de la devoción al Corazón de Jesús, que había compuesto el condiscípulo de Hoyos, el Hno Lorenzo Jiménez, pero que corrió solamente entre los iniciados. 12 Ignoramos quién pudiera ser este jesuita, que vivía entonces en San Ambrosio; probablemente se trata del P. Francisco de Rávago, que tenía entrada con el Obispo de Valladolid . Ciertamente no se trata ni de Cardaveraz, que estaba ya en Bilbao, ni de Calatayud, que se hallaba por ese tiempo en Tudela. 13 Como dice el P. Máximo Pérez: En la primera edición del libro, además de los citados, aparece el obispo de Valladolid, Don Julián Domínguez de Toledo, ya que en su diócesis se imprimía el libro. Costó odiosos trámites obtener la licencia de este Obispo, pues no estaba en relaciones amistosas con el P. Villafañe, rector del colegio de San Ignacio. Por eso Bernardo quiso que fuese el P. Francisco de Rávago quien se acercase al Obispo. No pudo ser así, y Bernardo tuvo que pedir a Villafañe que se arriesgase y fuese él mismo. (El poder de los débiles, pg 165, nota 9) 14 Jamás pudo imaginar el P. Hoyos que, andando el tiempo, muchos de sus escritos y de sus vivencias y luces sobre el Corazón de Jesucristo aparecían, a través de Internet- por todo el mundo. |