| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Libro Tercero.
Capítulo 10. Declárase
el Iltmo. Sr. Arzobispo de Burgos protector y agente de
las ideas de Bernardo, y el feliz suceso que tienen con
tan ilustre patrocinio.
Remitió este dignísimo Prelado a casi todos los Prelados de España el librito del Corazón de Jesús, rogándoles con íntimo afecto escribiesen todos una carta a su Santidad1 en que pidiesen para sus Diócesis fiesta, oficio y Misa del Corazón S.S. de Jesús, y como el Corazón Divino inspiraba a nuestro joven estas ideas, las acaloraba en el piadoso corazón del Sr. Arzobispo. Tuvo la insinuación de su Iltma. el efecto que se podía desear. Todos los señores Arzobispos y Obispos de España enviaron sus cartas al Iltmo. agente para que juntas se remitiesen a Roma. Así lo significa con singular gozo su Iltma. a un Jesuita2, a quien por este tiempo escribió esta cariñosa carta: Muy Señor mío y mi amigo: En este correo me avisa el Sr. Cardenal Belluga3 haber recibido las cartas que remití de los Señores Prelados de España, y con los que después se han seguido, creo que todos los que hoy son vivos han dado su carta para el sagrado asunto del Corazón de Jesús; pero me dice que N. Rey no ha escrito a su Santidad para este fin, y que la carta que se copia en el librito, o no ha llegado o no se ha presentado en Roma,4 y que esta diligencia es indispensable, y así es necesario rogar al P. Confesor nos saque esta carta del Rey y quedo para servir a V. Ra. con fiel y sincero corazón, con que deseo que N. S. a V. R. ms. as.. Burgos y Abril 22 del 1735. B.L.M. de V. R. su mas afecto servidor y amigo. Manuel Arzobispo de Burgos. Por esta excelente carta nos descubre este Iltmo. que todos los Señores Obispos de España habían escrito a su Santidad pidiendo el oficio, solemnidad y Misa del Dulcísimo Corazón de Jesús. Su Iltma. había enviado estas cartas a Roma y empeñado el santo celo del Eminentísimo Cardenal Belluga a favor de esta carta. No pudo ser más acertada la conducta del Señor Arzobispo de Burgos en valerse de la fogosa y santa actividad del Eminentísimo. Porque años ha era su Eminencia, y continúa ser el más vivo, eficaz y ardiente Protector de la causa del S. Corazón de Jesús. Como tal dio luz al Iltmo. de Burgos de lo que faltaba por hacer, que era sacar una carta del Rey N. Señor que acompañase y prosiguiese las de los Iltmos. Prelados de España. Luego que Bernardo tuvo noticia del buen efecto que habían producido las santas ideas del Sr. Arzobispo, se llenó de gozo inexplicable y dio al Corazón S.S. humildes y rendidas gracias. Pero, sabiendo que el Sr. Eminentísimo pedía una carta del Rey como medio eficaz e indispensable en el asunto, hizo para conseguirla los esfuerzos que pudiera el hombre más autorizado. Escribió varias cartas a un Jesuita confidente suyo5, para que solicitase esta carta por medio del M. R. P. Confesor de su Majestad. Parecía ardua la empresa. No obstante se intentó y el Corazón Divino lo facilitó de suerte que se consiguió como podía desearse. Una santa y discretísima carta respuesta del Eminentísimo Cardenal Belluga al M. R. P. Confesor nos da el consuelo de saber lo que sucedió en el asunto, está en mi poder copia de esta carta, con que es justo ennoblecer este paso de Misericordia. Dice así: Viva Jesús Rvmo. Señor. Señor mío: recibo con mi mayor aprecio la de V. S. con la carta para su Santidad, para el oficio y Misa del Corazón de Jesús, cuya gracia espero se consiga, no obstante que tres veces ha salido denegada en la Sagrada Congregación de Ritos. La primera pidiéndola el Rey de Polonia.6 La segunda pidiéndola su Majestad, y la tercera pidiéndola la Reina de Francia, mas siempre por uno o dos votos. Yo siempre he estado fortísimo por esa gracia y, habiendo ya muerto dos Eminentísimos que gallardamente la contradecían, espero que con la nueva carta de su Majestad se puedan vencer las dificultades que se proponían, las que no eran todas despreciables, mirando todas a la dificultad de cuál sea el objeto de esta fiesta, y por dividir las dependencias del Ministerio, he dado la carta al Eminentísimo Aquaviva para que la presente a su Santidad, con las que yo tengo acá de los Señores Obispos,7 y a mi cuidado queda la solicitud. Y quedo al servicio de V. S. con el más verdadero afecto , y ruego a N. S. guarde a V. S. ms. as. en su Santa gracia. Roma y Julio 3 de 1735. Rmo. Señor. De V. más afecto. L. Cardenal Belluga. Hasta aquí la pluma del Señor Eminentísimo inflamada en amor a Jesús y a su Sagrado Corazón. Todo parecía ya fácil al espiritoso Corazón de Bernardo, vencidas con tal feliz suceso las cumbres mas altas de la Corte y de la Iglesia. Porque, recibida con tanta piedad y amor la devoción del S. Corazón de Jesús de todos los corazones reales de los Reyes Ntros. Señores, Príncipes, Infantes y en los de los Iltmos. Prelados de España, no podía dejar de ser amada de todos. Envió libros a todas las Provincias de España. No hubo en ella quien se pudiese esconder de la luz y calor del fuego ardiente de su devoción. Madrid, Toledo, Sevilla, Granada, Murcia, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Tarragona, Burgos, León, Oviedo, Santiago, Salamanca, en fin todas las capitales de las Provincias de España fueron el objeto de los ardores del corazón de Bernardo; a todos los encendió por medio de su librito, y consiguió los maravillosos efectos8 que empezó a gozar y nosotros experimentamos. Remitió muchos ejemplares al R. P. Misionero Pedro de Calatayud, que corría por este tiempo en sus fructuosas Misiones parte de los reinos de Murcia y Valencia. Poco impulso necesitaba el P. Calatayud9 para proseguir en esparcir la devoción al Corazón de Jesús. Porque desde el primer instante que Bernardo le había escrito este asunto, sintió su corazón inflamado con los Sagrados incendios, que publicó en el librito con este título. Después, la experiencia de los frutos sólidos que producía esta devoción en cuantos corazones bien dispuestos los abrazaban, era el más ardiente incentivo. Sirvióle, no obstante, el librito de Bernardo de nuevo impulso para los esfuerzos de su santo celo en esta devoción. Para referir los maravillosos efectos que se siguieron a la predicación de este Misionero, la reformación de costumbres en los pueblos, los ardores sagrados en muchos Monasterios de Religiosas, y las innumerables Congregaciones que se fundaron,10 era necesaria una historia más copiosa que la de este libro. Será preciso insinuar algo en el progreso de esta narración. Por las noticias que comunicaba a Bernardo el P. Calatayud en punto de la nueva devoción del Corazón de Jesús, conoció que ésta era empresa muy propia de misioneros. Procuró que llegase el librito a otros Misioneros de nuestra Compañía, a los de otras sagradas Religiones, y a algunos señores eclesiásticos seculares, empleados en este apostólico ministerio. En todos los hombres verdaderamente apostólicos hizo tal impresión esta devoción del Corazón de Jesús, que la emprendieron y prosiguieron con indecibles ardores. Por este medio se propagó, primero en nuestra Provincia de la Compañía de Jesús de Castilla y, después, por España toda y por las Indias españolas.11 Viendo ya pública y recibida con devoto aplauso su devoción del Corazón de Jesús, se aplicó a encenderla en los corazones de todos. Por sí mismo, siendo Hermano estudiante, pocos progresos podía conseguir; pero sus fervorosas oraciones lo conseguían todo, y sus ruegos con los Jesuitas que trataba, eran muy poderosos. Rogó instantemente y consiguió de todos sus confidentes que en el púlpito, en el confesionario, en las conversaciones particulares y en todas ocasiones exhortasen a la devoción del Corazón de Jesús. Este medio, al parecer oculto y de poca extensión, fue inspirado del Corazón Divino, por los grandes frutos que produjo. Apenas las personas piadosas, especialmente Religiosas, oyeron hablar de esta amabilísima devoción, cuando se encendieron en amor al Corazón de Jesús. De repente se vieron arder en llamas de Amor Divino muchos conventos de Religiosas en la nobilísima ciudad de Valladolid, donde residía Bernardo y había nacido para España esta devoción. Porque este joven había enviado delante como precursor sus libritos; y los sabios, sólidos y santos Directores, acababan después lo que el librito había empezado. A este sagrado incendio contribuía también el santo celo de los Iltmos. Prelados ordinarios de las Comunidades Religiosas, también dispuestos para promover esta devoción, como ya vimos; porque estaban persuadidos a que esta devoción era inspirada de Dios en estos tiempos, para encender el Mundo en fuego de amor divino, como fue revelado a la gloriosa Santa Gertrudis. Parece que con tan felices principios y progresos de la devoción del Corazón de Jesús, se había de contentar el corazón fogoso de Bernardo. Sucedió todo lo contrario, porque los sucesos gloriosos encendían más sus insaciables llamas. Conoció que su librito, aunque muy pequeño, no podía llegar a manos de todos, ni dar noticia del SSmo. culto que inspiraba. Discurrió otro medio soberano y eficacísimo, que tuvo el suceso que no se debía esperar en lo humano. Hizo traer de Roma gran cantidad de estampas del Sagrado Corazón de Jesús y una hermosa lámina12 para reimprimirlas en España. Sirvió para esta idea a Bernardo haberse impreso en su alma la revelación que el Sagrado Corazón de Jesús hizo a la V. Margarita María de Alacoque, a quien dijo Jesús, su celestial esposo, que también quería que la imagen de su Corazón, perfectamente delineada, se expusiese a vista de los fieles para que con tan amable objeto se ablandase la dureza de sus corazones. Ofrecióme Jesús que todos cuantos reverenciasen con especial culto la imagen del Sagrado Corazón serían colmados de celestiales dones que dimanarían de la plenitud de su Divino Corazón13. Avivó estos deseos de nuestro joven otra inteligencia semejante con que el Señor le favoreció: Este día se me dio a entender (dice) deseaba el S. Corazón se expusiese su imagen en España como la que trae en su libro el P. Gallifet, que así se mostró el Corazón Sagrado, y casi siempre se me ha descubierto a mi con las mismas insignias. Entendí había de enternecer muchos corazones ese amabilísimo objeto. Y admiro hoy la providencia cuando veo que, antes de llegar una carta en que yo indicaba esto, me avisa V. Rª. la hace dibujar para abrir lámina14. Hasta aquí la pluma de Bernardo inspirada con espíritu que tiene visos de profético. Cumplióse prontamente en el corazón de innumerables personas la oferta del Señor, estimando y venerando las estampas con indecibles consuelos, frutos y milagros portentosos. Para indicio de la devoción con que fueron recibidas en todas partes las estampas del Corazón de Jesús, sirva por testimonio de la aceptación suprema lo que expresa el Excmo. Sr. D. Juan de Idiáquez, Duque de Granada y de Ega. Por mano de su Excª. envió un Jesuita15 devoto del Corazón de Jesús algunas docenas de estampas a los Príncipes Ntros. Sres.; fueron recibidas con tan benigno agrado que sus Altezas mandaron al Excmo. lo significase al Jesuita que no pudo imaginar tan grande honra. La carta original que he leído dice así: Rmo. P. he recibido y puesto en mano de los Príncipes Ntros. Sres. las estampas del S.S. Corazón de Jesús que V. Rma. se ha servido dirigirme para este efecto, y habiéndolas admitido sus Altezas con la mayor veneración y aprecio, me mandan manifestar a V. Rma. su especial estimación y gratitud por tan singular regalo. V. Rma. me tiene a su obediencia con la mejor y más pronta voluntad, y ruego a Dios que (otorgue) a V. Rma. los dilatados as. que puede. San Ildefonso 16 de Septiembre de 1735. Rmo. Padre B.L.M. de V. Rª. su amigo y afecto D. Juan de Idiaquez. Esta idea (al parecer pequeña) de
las estampas, fue de particularísimo fruto, porque con
la lámina que llegó de Roma se estamparon tantos
millares que, a poco tiempo, se inutilizó de todo; pero
la devoción estaba ya tan ardiente que, para
contentarla, fue preciso abrir nuevas láminas y traer
otras semejantes de Roma; como era fácil distribuir las
estampas por el correo, se podía decir seguramente que
apenas hubo lugar ni pequeña aldea en toda España,
donde no se adorase por este medio el Corazón de Jesús.
En la Corte se abrieron diversas láminas, se estamparon
innumerables, y se remitieron a la Serenísima Princesa
Ntra. Sra., a Lisboa, muchas estampadas en tafetán
lustroso. El fin principal a que se destinaron las
estampas del Corazón de Jesús descubrirá el capítulo
siguiente. |
| 1
Regía entonces la Iglesia el Papa Clemente XII, ya que
el anterior Pontífice Benedicto XIII había muerto el 21
de febrero de 1730. 2 ¿Quién es este jesuita, al que escribe el Arzobispo de Burgos? Fácilmente se trata del P. Juan de Loyola o, tal vez, del P. Francisco Rávago, quien era persona de especial autoridad y trato con la jerarquía. Recordemos que es a este Padre, Rector entonces del colegio de San Ambrosio, a quien se dirige Bernardo de Hoyos para lograr del obispo de Valladolid indulgencias para su libro El Tesoro escondido; y , no pudiendo en aquel momento hacerlo este Padre, es cuando Hoyos se lo pedirá al P. Villafañe, Rector entonces del Colegio de San Ignacio, quien lo conseguirá del prelado vallisoletano. Hablando de esto, escribirá el P. Loyola: eran más que críticas las circunstancias en que Bernardo pedía al P. Villafañe esa gracia, pero como el divino Corazón quería vencidas todas las dificultades, se determinó el P. Rector de S. Ignacio a complacer al joven, venciéndose generosamente y logrando el feliz suceso que necesitaba 3 El Cardenal Belluga era el representante de los negocios de España ante la Santa Sede. 4 Parece un tanto extraño lo que dice aquí el arzobispo de Burgos de que la carta....o no ha llegado o no se ha presentado en Roma Sabemos que el P. Gallifet había escrito a Felipe V el 22 de diciembre de 1725 diciéndole cómo había presentado ya al Papa su libro De cultu Cordis Dei Jesu, cuya primera edición, en latín, había costeado el mismo rey; a la vez le pedía su influjo para lograr la Misa y Oficio del Sagrado Corazón. Felipe V, en carta de 26 de enero de 1726, manda a su embajador en Roma que lo gestione. ¿Lo tomó éste con cierta negligencia? De hecho, vemos cómo insiste de nuevo Gallifet en carta de 1 de febrero de 1727 y el rey escribe a la Santa Sede al mes siguiente. La carta del rey Felipe V está fechada en el Buen Retiro el 10 de marzo de 1727, cuando Bernardo de Hoyos no sabe nada aún de la devoción al Corazón de Jesús. Es a esta carta, que aparece publicada en la primera edición del Tesoro escondido, a la que alude el Cardenal Belluga como no recibida o no presentada en Roma. De todas formas, esto dará pie a Bernardo para pedirle al P. Loyola (que estaba de Rector en el colegio de Segovia) se ponga en contacto con el confesor real, el jesuita P. Clarke, a fin de lograr por su medio el que el rey escriba de nuevo a Roma pidiendo la Misa y el Oficio del Sagrado Corazón. Tomé a mi cargo contesta Loyola a Hoyos- hablar al P. Confesor y suplicarle se dignase interesar el poderoso influjo de S. Majestad, en lo mismo que pocos años antes había pedido al Sumo Pontífice....y ofreció benignamente sus poderosos influjos. Bernardo se llena de gozo al recibir esta nueva y se expresa así: indecible consuelo me dan las esperanzas favorables de conseguir nuestros deseos...; ahora ha de ser la batería de los corazones amantes al pecho del Padre Eterno, para que mire al Corazón de su divino Hijo y acabe ya de publicar a su Iglesia las inmensas riquezas escondidas en este oculto tesoro. Sin embargo, no se conseguirán sus deseos. El P. Hoyos, como otro Moisés, moriría sin tener la satisfacción de ver logrado su deseo. Una vez más se cumplían las palabras de Jesús en el evangelio: si el grano de trigo no muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. Será el 7 de diciembre de 1815 cuando el Papa Pío VII concederá la Misa y el Oficio del Corazón de Jesús para España y sus reinos de ultramar. 5 Se trata, evidentemente, del mismo P. Loyola. 6 En 1726 pidió el rey de Polonia, Augusto II, al Papa Benedicto XIII la concesión para su país de la Misa y Oficio del Sagrado Corazón, sin conseguirlo. Lo mismo había hecho anteriormente, en 1697, la reina de Inglaterra Dña María Beatriz Leonor de Este. Felipe V lo hará en 1727 y de nuevo en 1735. En una carta de la reina de Francia al Papa Benedicto XIV, escrita el 6 de febrero de 1740, se dice que estábamos a punto de obtenerla cuando sobrevino la muerte de Clemente XII. Como dice el P. Máximo Pérez en su libro El poder de los débiles: Las dificultades que se encontraban en tiempo de este Papa (no eran sólo personales suyas, sino también de la Congregación de Ritos) podían ser la novedad del nuevo culto, el no estar suficientemente estudiado aún cuál era el objeto de tal devoción, el temor de que, abierta la puerta a ella, se abriese también a otras novedades peligrosas. El Pontífice personalmente debía tener deseos de conceder la fiesta El caso es que hubo que esperar bastante tiempo hasta que eso llegara. El P. Hoyos, que comenzaba sus Ejercicios de mes en el colegio de San Ignacio, meditando probablemente sobre la indiferencia ignaciana, se expresa así: He dado mis quejas al Salvador...porque permite la siniestra impresión que hacia ese punto (el culto público al Sagrado Corazón) ha hecho en su Vicario aquella vulgar objeción. Es verdad que me he quejado de mala gana por dos razones: una, porque a nosotros no nos ha encargado que lo consigamos, sino que lo procuremos, y aquello queda a su cuenta y excede nuestro poder...; la otra, porque desde los principios de esta empresa estamos prevenidos de que ha de haber dificultades que, cuanto mayores, han de ceder en mayor gloria del Corazón sagrado....Y cuando (aunque) el Pontífice reinante (Clemente XII) no esté escogido para este glorioso asunto, creo que no estará muy distante el que lo será....No obstante, pidamos y oremos enixe (instantemente) por el Papa presente. No deja de ser hermoso ver cómo Bernardo envuelve en su oración a un Papa que le contraría en lo más vivo de sus sentimientos y planes. 7 Ni la carta del rey Felipe V ni las cartas de los Obispos españoles tuvieron el feliz éxito que se esperaba. En la nota anterior hemos aducido las posibles causas de esta renuencia de Clemente XII (1730-1739). La misma actitud tomaría su sucesor Benedicto XIII (1740-1758). Siendo Promotor de la Fe, ya se había opuesto a la petición del P. Gallifet. En España uno de los más preclaros entusiastas de la devoción al Corazón de Jesús era el obispo de Tarragona, Don Pedro de Copons y Copons, que fue para el Principado de Cataluña lo que Don Manuel Samaniego y Jaca había sido para Castilla. En 1738 se reunió el Concilio Tarraconense y elevaron a la Santa Sede la misma súplica que poco antes habían elevado los obispos españoles; volvieron a hacer lo mismo en 1745, en el concilio provincial de Tarragona, y en la décima sesión se repitieron las preces a S. Santidad para el logro del rezo y misa del Sagrado Corazón de Jesús, que tuvieron el mismo despacho que las primeras escribe en su libro el P. Uriarte. Muerto Benedicto XIV en 1758, sube al solio pontificio Clemente XIII y, animados con ello, los prelados españoles piden entre 1763-1764 que se conceda a España la Misa y Oficio del Sagrado Corazón. En su libro pone el P. Uriarte una gran lista de todos los que lo pedían. En el Memorial presentado por el abogado Alegiani a la Congregación de Ritos, Polonia y España son los dos únicos reinos para quienes, como tales, se hace la instancia de oficio y misa. Según el P. Uriarte, parece ser que para el 26 de enero de 1765 estaba ya ese Memorial en la Congregación de Ritos. Y, sin embargo, esa gracia del Oficio y Misa del Corazón de Jesús se concede sólo a Polonia y a la Archicofradía de Roma (6-2-1765). Más tarde se concede lo mismo a las Salesas (10 julio 1765); el 6 de agosto a la Basílica de Letrán. Y ya en 1777 se lo conceden a Portugal y a sus colonias. ¿Qué pasa que a España, que lo pidió en 1727, en 1735 y en 1764, no se lo conceden? En el Memorial se decía: las mismas razones absolutamente que militan por el reino de Polonia, militan asimismo en toda paridad por el de España; y para comprobantes de que no menos allí que en Polonia, florece la devoción y amor ternísimo al sagrado Corazón de Jesús, (es) que se han erigido un crecido número de congregaciones en su honor, de que se celebra su fiesta con extraordinaria solemnidad en muchos lugares, sin exceptuar las más principales iglesias, de que se recurre al Corazón divino en las calamidades públicas y privadas... El P. Uriarte se pregunta: Cuál fue el motivo de semejante desistimiento...? El que mandaba entonces en España era Carlos III..., buen rey..., mas reinaba en un tiempo en que...iban a hacer causa común para los impíos el amor o el odio al Corazón y a la Compañía de Jesús; en un tiempo de autores tan ignorantes y trabucados, que no hacían escrúpulo de colocar y combatir en una misma línea la devoción al Corazón de Jesús, el probabilismo y el regicidio, con otras sandeces por el estilo. Los ministros francmasones no querían ni oir hablar de la devoción al Corazón de Jesús ni de nada que, de algún modo, oliera a jesuita o fuese estimado por ellos. Habrá que esperar a Fernando VII en 1815 para que este deseo se cumpla por fin. 8 Sabemos que el P. Hoyos pidió al Señor que quienes leyesen el librito del Tesoro escondido sacasen mucho fruto espiritual de su lectura. No se contentó con adquirir diversas indulgencias de los Sres. Obispos, sino que, por su parte, envolvió en su oración a todos los futuros lectores. Narrando el P. Loyola el hecho acaecido el 21 de octubre de 1734, cuando Bernardo de Hoyos se acerca a comulgar llevando bajo la sotana el primer ejemplar del Tesoro escondido, dice así: Hecha de esta manera y recibida la oferta, preguntó amorosísimo el Señor al H. Bernardo qué pedía a su Corazón en recompensa....; respondió el H. Bernardo que no pedía más que la extensión de su celestial culto y sus progresos en España y en toda la Iglesia. Pero sintiendo que deseaba el Señor le pidiese todavía alguna gracia especial para su librito del Tesoro, le suplicó humildemente se sirviese confirmar las gracias e indulgencias que los señores Obispos habían concedido a los que lo leyesen. Oyó el benignísimo Señor la humilde súplica de su siervo, y accediendo a ella, le respondió con un rostro de amor y majestad que su Corazón las confirmaba: mas, que los que leyesen este librito con buena intención, serían aprobados de su Corazón; el cual a todos concedía, entre otros, un don especial: a los pecadores, inspiraciones por medio de su lectura para salir de su mal estado; a los justos, mayores gracias y deseos de caminar a la perfección; a los perfectos, un amor purísimo y ardentísimo a su Corazón, en el cual sentirían sus deliciosísimas dulzuras 9 Este gran misionero, nacido en Tafalla de Navarra, fue quizás quien después de Bernardo de Hoyos- más se distinguió por propagar en España la devoción y el culto al Corazón de Jesús. Siendo Bernardo todavía novicio en Villagarcía, se encontraron allí por primera vez y el P. Loyola quiso que Calatayud examinase por entonces el espíritu de aquel novicio que comenzaba a tener ya entonces unos dones extraordinarios del Señor. Andando los años, se cambiarán las tornas, y será Hoyos quien de algún modo aliente, dirija y aconseje a aquel eximio misionero popular. Así lo expresa el mismo P. Calatayud en un informe que dio a la muerte de Bernardo y que quedó recogido en la Carta de edificación publicada unos meses después de su muerte: Lo que yo puedo decir es que...él (Bernardo de Hoyos) fue el impulso y el motor para que yo publicase esta devoción desde el púlpito; para que la insinuase a varias y muchas comunidades religiosas y la abrazasen muchas almas pías...; para que yo fundase las Congregaciones del Corazon de Jesús... 10 Sobre este punto de las Congregaciones del Corazón de Jesús dirá el P. Calatayud que sólo en Asturias superan el centenar, y especificando más en concreto, en el Dictamen suyo, utilizado por el Padre Manuel de Prado en su Carta de edificación, leemos que: (el Padre Hoyos fue el impulso y el motor) ... para que yo fundase las Congregaciones del Corazón de Jesús en Lorca, Orihuela, San Felipe, Elche, Novelda, Aspe, Petrel, Villena, Almansa y Onteniente. 11 Méjico fue una de las naciones hispanoamericanas donde prendió más pronto la devoción y el culto al Corazón de Jesús. Según una nota que trae el P. Uriarte en su libro: Principios del Reinado del Corazón de Jesús en España, el P. Juan Antonio Mora publicó en Méjico (en 1721 según unos y en 1732 según otros) un libro titulado Culto devoto al sagrado Corazón de Jesús. 12 Se refiere a la lámina diseñada por el artista catalán Manuel Sorelló, que representa al Corazón de Jesús (la víscera) con las insignias (cruz y espinas) con que apareció ya en el libro del P. Gallifet. Lámina que él envió a la Madre Ana de la Concepción del convento de San Joaquin y Santa Ana de Valladolid y también a la Cartuja de Miraflores de Burgos. De todos es sabido cómo los Cartujos tuvieron un papel especialmente importante en el culto y devoción al Corazón de Jesús, sobre todo los cartujos alemanes. 13 Es interesante reflexionar sobre este hecho de venerar concretamente la imagen del Corazón de Jesús. No sólo en tiempo de Santa Margarita-Hoyos; también en la nueva revelación del Corazón de Jesús a Santa Faustina Kowalska se da especial relevancia al cuadro que representa la misericordia del Señor, a través de los rayos blanco y rojo que salen del costado herido y se anima a los fieles a que tengan presente esta imagen y le den culto. En los escritos de Santa Faustina leemos, puestas en boca del Señor, estas palabras: Pinta un cuadro según me estás viendo, con la invocación: JESÚS, CONFÍO EN TI.Quiero que se venere en el mundo entero . Jesús, el Dios hecho carne, el Dios-hombre, sabe que necesitamos de algo tangible para excitar en ocasiones nuestra fe. No somos espíritus puros, como los ángeles. Nos ayuda mucho un signo sensible. Esta fue su pedagogía sacramental (pan, agua, aceite, vino....). La imagen del Corazón es algo más que un símbolo... En el tercer Centenario de la Revelación a Santa Margarita del encargo a la Compañía de Jesús sobre la devoción del Sagrado Corazón decía el P. Peter Hans Kolvenbach a todos los jesuitas: ......Aquí conviene recordar la palabra del Padre Arrupe: La Compañía tiene necesidad de la dynamis encerrada en este símbolo y en la realidad que nos anuncia: el amor del Corazón de Cristo. Las abstracciones no tienen necesidad de corazón dice el Cardenal Ratsinger-, pero el amor infinito del Dios hecho hombre no es ninguna abstracción. Sabemos de Santa Teresa cómo las imágenes le ayudaban mucho para su oración, y es que somos un compuesto de alma y cuerpo. 14 En la primera edición del Tesoro escondido, en el Párrafo III, que dice:Fin santísimo a que se ordena este sagrado culto, aparece abriendo lámina, en lo alto de ella, la imagen del Corazón con las insignias de que habla aquí Bernardo en su carta al P. Loyola: las espinas, la cruz y las llamas. En el Párrafo II aparece el cáliz con la Sagrada Forma, así como en el Párrafo I es la figura del pelícano alimentando a sus crías la que aparece representada. 15 ¿Quién era ese jesuita? La carta va dirigida a un Padre; por tanto, se trataría de un jesuita ya sacerdote. El Hermano Bernardo, en principio, no quedaría descartado, por cuanto la carta está fechada en setiembre de 1735 y para entonces el P. Hoyos llevaba varios meses de sacerdote (se ordenó el 2 de enero de ese mismo año). Con todo nos inclinamos a que se trata del P. Loyola o, tal vez con mayor probabilidad, del P. Rávago, que era hombre más relacionado con ese mundo, e incluso del P. Clarke, el confesor real, conocido de Loyola y que ya había intervenido en dos ocasiones anteriores. El hecho de estar firmada en el Real Sitio de San Ildefonso, donde veraneaba la Corte, puede ser una confirmación más. Sabemos también que en 1732 entró de novicio en Villagarcía el joven Francisco Javier Idiáquez,, de la misma familia noble que el autor de la carta. ¿Influyó algo él en este asunto? No sería descabellado pensarlo y más cuando nos consta que tuvo una especial devoción al Corazón de Jesús. Este Padre nació en Pamplona en 1711 de padres pertenecientes a la alta nobleza (conde y duque), será maestro de novicios en 1755, Rector de la Casa y afamado profesor de estudios clásicos. Emparentado por su familia con San Ignacio, San Francisco Javier y San Francisco de Borja. Morirá en el destierro el año 1790, en la ciudad de Bolonia. Hizo imprimir las Pláticas de Villagarcía, que hasta entonces estaban manuscritas, y compuso un manuscrito titulado: Antigüedad del culto al Corazón divino, ilustrando el tema con testimonios de los Santos Padres y de otros escritores antiguos, para demostrar así que la devoción al Corazón del Salvador no era como algunos afirmaban- una devoción nueva. |