Libro “Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús”, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España.

Libro Tercero. Capítulo 1. Empiézase a tratar de los celestiales favores que hizo el Sagrado Corazón de Jesús al P. Bernardo y se describe el origen de esta devoción en nuestra España

Todos los favores[1] que Jesucristo Señor Nuestro había hecho hasta ahora a Bernardo se dirigían a mi parecer, al culto de su sagrado y amabilísimo Corazón. Había ya llegado el tiempo de la amorosa providencia de Dios para descubrir[2] a nuestra España la fuente[3] divina e inagotable de sus gracias y celestiales favores. Quería Jesús por instrumento para este fin una persona oculta y desconocida e inhábil[4] por las circunstancias de su estado. Escogió al P. Bernardo Francisco de Hoyos de nuestra Compañía de Jesús, teólogo estudiante en nuestro colegio de San Ambrosio de Valladolid, antigua corte[5] de nuestros Reyes[6].

El modo maravilloso y como casual de que se valió Jesús para su amoroso designio, lo refiere Bernardo en la primera de las muchas cartas que escribió a su Director ausente en este asunto. Será preciso hablar en todo este libro casi siempre con las palabras del P. Bernardo; porque la novedad y grandeza del asunto en la pequeñez del instrumento dan a conocer visiblemente la oculta y amorosa providencia del Señor en esta obra verdaderamente grande, tan santa, y tan bien recibida en nuestra España. Empieza Bernardo este portentoso asunto en esta forma:

El P. N[7]. en carta que recibí el Miércoles pasado me pedía le trasladase la institución de la fiesta del Corpus, la revelación y dificultades que para ello hubo, como lo refiere el P. Gallifet[8] en el tomo De Cultu Cordis Dei Iesu, para lo cual saqué de la librería este tomo el Domingo[9]. Yo que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor Jesús, y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso[10], con el cual me fui luego al punto delante del Señor sacramentado a ofrecerme[11] a su Corazón para cooperar cuanto pudiese a lo menos con oraciones a la extensión de su culto.

 No pude echar de mí este pensamiento hasta que, adorando la mañana siguiente[12] al Señor en la Hostia consagrada, me dijo clara y distintamente[13] que quería por mi medio extender el culto de su Corazón Sacrosanto, para comunicar a muchos sus dones por su Corazón adorado y reverenciado, y entendí que había sido disposición suya especial que mi Hermano el P. N[14]. me hubiese hecho el encargo para arrojar con esa ocasión en mi corazón estas inteligencias. Yo, envuelto en confusión renové la oferta del día antes, aunque quedé algo turbado, viendo la improporción del instrumento y no ver medio para ello. Este efecto fue de la naturaleza; de la gracia fue sola la confusión y resignación.

 Todo el día anduve en notables afectos al Corazón de Jesús, y ayer estando en oración, me hizo el Señor un favor muy semejante al que hizo a la primera fundadora de este culto, que fue una Hija de Nuestro Santo Director[15] la V. M. Margarita Alacoque, y lo trae el mismo autor en su vida al núm. 32. Mostróme su Corazón todo abrasado en amor, y condolido de lo poco que se le estima. Repitióme la elección que había hecho de este su indigno siervo para adelantar su culto, y sosegó aquel generillo de turbación que dije, dándome a entender que yo dejase obrar a su providencia, que ella me guiaría, que todo lo tratase con V. R[16], que sería de singular agrado suyo, que esta Provincia de su Compañía[17] tuviese el oficio y celebrase la fiesta[18] de su Corazón, como se celebra en tan innumerables partes”. Hasta aquí el primer favor que recibió Bernardo en orden a la devoción y culto del Sacrosanto Corazón de Jesús.

Siguiéronse tantos y tan singulares a este primero, que será necesario omitir muchos, por no dilatarnos con demasía. El Príncipe San Miguel protector tan especial de nuestro angelical joven no podía dejar de ser quien le alentase a la ardua empresa para que le había escogido Jesús. Y así la víspera de la festividad de su Aparición[19], visitó a Bernardo y le habló en el asunto de la devoción del Corazón Sagrado en la forma que él mismo refiere:

El Domingo pasado (dice) inmediato a la fiesta de nuestro San Miguel, después de comulgar, sentí a mi lado a este Santo Arcángel que me dijo cómo en el extender el culto del Corazón de Jesús por toda España, y más universalmente por toda la Iglesia, aunque llegará día en que suceda, ha de tener gravísimas dificultades[20], pero que se vencerán, que él, como príncipe de la Iglesia, asistirá a esta empresa; que en lo que el Señor quiere se extienda por nuestro medio, también ocurrirán dificultades, pero que experimentaremos su asistencia.

Después de esto quedé un poco recogido, cuando por una admirable visión imaginaria, se me mostró aquel Divino Corazón de Jesús todo arrojando llamas de amor, de suerte que parecía un incendio de fuego abrasador de otra especie que este material.

Agradecióme el aliento con que le ofrecí hasta la última gota de mi sangre[21] en gloria de su Corazón, y para que yo experimentase cuán de su agrado es esta oferta, por lo mucho que se complacía en los deseos solos, que yo tenía de extender por el mundo, cerró y cubrió mi corazón miserable dentro del suyo, donde por visión intelectual admirable vi los tesoros y riquezas[22] del Padre depositadas en aquel sagrario, el deseo y como ímpetu que padecía su corazón por comunicarlas[23] a los hombres, el agrado en que aprecien aquel Corazón, conducto soberano de las aguas de la Vida, con otras inteligencias maravillosas en que por modo más especial entendí lo que San Miguel me había dicho. Pues las dulzuras, los gozos, suavidades y celestiales delicias que allí inundaron mi pobre corazón sumergido en aquel océano de fuego de amor, sólo el mismo Jesús lo sabe, que yo no[24]. Quedó mi corazón como quién ha entrado en un baño, o lejía fuerte, que deja consumida en sus aguas toda la escoria de que antes se miraba cubierto.

Desde este punto he andado absorto, y anegado en este Divino Corazón; al comer, al dormir, al hablar, al estudiar y en todas partes no parece palpa mi alma otra cosa que el Corazón de su amado, y cuando estoy delante del Señor Sacramentado, aquí es donde se desatan los raudales de sus deliciosísimos favores, y como este culto mira al Corazón Sacramentado[25], como a su objeto, aquí logra de lleno sus ansias amorosas”.

El día de la Ascensión[26] del Señor se repitió la misma visión del Corazón Santísimo de Jesús, pero con circunstancias más particulares, que me obligan a referirla con las mismas palabras del joven. “Después de comulgar (escribe Bernardo) tuve la misma visión referida del Corazón, aunque con la circunstancia de verle rodeado de la corona de espinas, y una cruz en la extremidad de arriba, ni más ni menos que la pinta el P. Gallifet; también vi la herida por la cual parece se asomaban los espíritus más puros de aquella Sangre que redimió el mundo. Convidaba el Divino Amor Jesús a mi corazón se metiese en el suyo por aquella herida, que aquel sería mi palacio, mi castillo y muro en todo lance. Y como el mío aceptase, le dijo el Señor:”¿no ves que está rodeado de espinas y te punzarán?” que todo fue irritar más el amor que introduciéndose a lo íntimo, experimentó eran rosas las espinas.[27] Reparé que además de la herida grande había otras tres menores en el Corazón de Jesús, y preguntándome si sabía quién se las había hecho, me trajo a la memoria aquel favor[28] con que nuestro amor le hirió con tres saetas. Recogida toda el alma en este camarín celestial decía: Haec requies mea in saeculum saeculi: hic habitabo, quoniam elegi eam: (He aquí mi descanso para siempre: aquí habitaré, pues lo he elegido ) Dióseme a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mi sólo[29], sino para que por mi las gustasen otros. Pedí a toda la Santísima Trinidad la consecución de nuestros deseos, y pidiendo esta fiesta en especialidad para España, en que ni aun memoria parece hay  de ella, me dijo Jesús: ‘Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes’ [30]. Hasta aquí las palabras de nuestro joven.

Mas como siempre estaba receloso de su extraordinario camino, volvía muchas veces su atención reflexiva hacia los efectos[31] que producían en su espíritu estos favores del Sagrado Corazón. Hallaba el suyo abrasado en ardentísimo amor al Corazón enamorado de Jesús, y en amorosas ansias de que el mundo todo adorase, reverenciase y amase al mismo Divino Corazón. No eran ociosos estos amantes afectos de Bernardo; encendíase su celo por el Corazón de Jesús hasta intentar ideas para propagar este sagrado culto, superiores a sus años, a su estado, y a las circunstancias de su vida de Hermano estudiante, tan oculto a los ojos del mundo.

Dos fueron las primeras ideas que le inspiró su celo, animado y sagradamente agitado de superior espíritu. La primera que este culto y devoción al Sagrado Corazón de Jesús se comunicase a nuestra Provincia de la Compañía de Jesús de Castilla, y de aquí se derivase a las Provincias de España[32]. Desde luego pensó este inflamado e inspirado joven que se solicitase para nuestra Provincia el oficio y Misa del Sagrado Corazón de Jesús; pues se rezaba del Corazón Divino en tantos reinos de la cristiandad. Efectivamente se empezó a solicitar esta gracia; pero aun no ha llegado la hora de este favor, que el Corazón de Jesús ha de hacer al mundo. La segunda idea de Bernardo era que cuanto fuese posible, se promoviese este santísimo culto y devoción en algunas personas particulares[33]. Empezó a hacer prueba de esta amabilísima devoción en sí mismo, como después veremos. “Yo no salgo del Corazón Sagrado (dice este devotísimo joven); allí me encontrará V. R.; quiere este Divino Dueño que yo sea discípulo del Corazón Sagrado de Jesús, y discípulo amado: así me lo ha dicho, como a su sierva la V. Margarita, fuente de esta devoción”.[34]

Viendo su corazón tan inflamado en las llamas del Sagrado Corazón de Jesús, quiso encender el mismo fuego de amor divino en otros muchos corazones. Arrojóle en el de sus Directores, conocidos y espirituales amigos jesuitas con feliz suceso. No hubo uno sólo[35] de muchos a quienes inspiró esta devoción y comunicó sus ardores, que no abrazase el culto del Sacrosanto Corazón de Jesús. Yo admiré como prodigio este sagrado ardor con que hombres doctos, prudentes, autorizados y de superiores talentos se dejaron mover de un niño a una devoción nueva y desconocida. Entre estos jesuitas hubo Provinciales, Rectores, Maestros, Predicadores, Misioneros, en fin los primeros hombres de nuestra Provincia de Castilla. Pero como el Sagrado Corazón respiraba sus llamas y ardores por la boca y pluma de nuestro joven, no podía resistir la prudencia y sabiduría humana.

Luego que vio Bernardo también lograda y recibida su santa y nueva devoción, emprendió por medio de sus confidentes jesuitas inflamar toda España y el Nuevo Mundo en el mismo sagrado incendio de su devoción. Por sí mismo podía hacer muy poco, hallándose Hermano estudiante: no obstante inspiraba este amable culto a cuantas personas trataba.

Sus extraordinarios favores le habían dado bastante noticia de una grande alma muy favorecida de Dios que vivía en Valladolid.[36] Halló un santo artificio con licencia de los superiores para visitar a esta persona y hablarla sobre el asunto de la devoción al Corazón Sagrado de Jesús, y de las ideas que iba meditando. Era esta persona, aunque singularmente favorecida de Dios, menos oportuna que Bernardo para propagar el culto[37] que se le proponía. Porque era religiosa oculta en la clausura de una rigidísima observancia; fue muy larga y muy santa la conferencia que tuvieron la ferviente religiosa y el joven estudiante jesuita. Convinieron en que el negocio era muy arduo y que pedía muchas y fervorosas oraciones al mismo Sagrado Corazón de Jesús, y que se encontrarían muchas oposiciones.

Ofreció la religiosa encomendarlo muy fervorosamente al Señor, que es lo que Bernardo deseaba, y lo que lo consoló sobre manera. Lo mismo hacía nuestro joven por sí mismo, y por todos sus confidentes, y las personas que estos dirigían o trataban. En cuanto a las oposiciones, Bernardo las tenía previstas, y en vez de entibiar su celo, le avivaban sagradamente. El mismo Corazón de Jesús se le mostraba y al mismo tiempo alentaba su espíritu, y le mandaba alentase en su nombre a los que empezaban a propagar su culto. “Dí a tu P. N.[38] que prosiga (le dijo el Señor un día). Yo cumpliré mi promesa (ésta es la que hizo a la V. Margarita), de derramar los influjos de mi Corazón sobre los que le honrasen y procurasen que otros le honren, y me serán agradables sus trabajos”. Después, fortaleciendo el corazón de su siervo y de los que empezaban a declararse por el culto de su Sagrado Corazón, añadió Jesús “Mi Corazón será una fortaleza y servirá de castillo en que se estrellen las olas de contradicciones”. 

 

 
[1] Se refiere el P. Loyola a las gracias especiales con que Nuestro Señor iba preparando al P. Hoyos para la tarea, a la que le tenía destinado: la de ser el apóstol pionero de su devoción en nuestra Patria.

[2] En efecto, en España solamente algunas almas selectas conocían y practicaban la devoción al Corazón de Jesús; almas en contacto con la espiritualidad de las Salesas; el pueblo lo ignoraba por completo. En otros lugares, como Polonia, Francia..., la devoción al Corazón de Jesús había hecho bastante progreso entre los fieles. De ahí el pensamiento de que mientras en otras partes ya se conoce y se vive, en España “ni aun memoria parece que hay de ella”.

[3] El Corazón de Jesús aparece ya simbolizado como “fuente de agua viva” en la Escritura. El Papa Pío XII pondría como título a su famosa encíclica sobre la devoción al Corazón de Jesús (año 1956) unas palabras sacadas del Antiguo Testamento: “Haurietis aquas...” (Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador)

[4] Es el modo ordinario como suele proceder el Señor: eligiendo a instrumentos que, de por sí, son inapropiados para la enorme misión, a que los destina. Pensemos en la desproporción que se da entre una Teresa de Jesús, o de Calcuta, o una Margarita María o una Bernardita Soubirous...y la misión que – fortalecidas con la ayuda del Señor -- llevaron a cabo. Esto mismo pasará con aquel oculto estudiante, llamado Bernardo de Hoyos.

[5] Fue en tiempos de Felipe II cuando este Monarca trasladó la Corte a la villa de Madrid. Por algún breve tiempo su hijo Felipe III llevó de nuevo la Corte a la ciudad del Pisuerga, hasta que queda establecida ya definitivamente en la villa madrileña

[6] En el tiempo en que escribe el P. Juan de Loyola esta Vida del P. Hoyos, reina en España Felipe V, con quien se introdujo la nueva dinastía de los Borbones.

[7] Se refiere a su amigo y confidente espiritual, el P. Agustín de Cardaveraz. Este Padre había nacido en Hernani en 1703 y había entrado en el noviciado de Villagarcía de Campos en 1721, después de haber estudiado un año de Jurisprudencia en la Universidad de Valladolid. No coincidieron nunca durante su formación jesuítica, pero sí hubo entre ellos una correspondencia espiritual frecuente. El camino de que Dios se sirvió para dar la primera noticia acerca de la devoción a su Corazón, fue precisamente este Padre.

[8] El P. José de Gallifet había editado en Roma, en 1726, un libro en latín: “De cultu Sacratissimi Cordis Iesu”, donde da noticia de esta devoción, que él mismo bebió, siendo estudiante en Lyon, de labios de su Director espiritual, San Claudio de la Colombière, confesor y director a su vez de Sta Margarita Mª de Alacoque.

[9] Era el 3 de mayo de 1733 cuando el P. Hoyos conoce por primera vez la devoción al Corazón de Jesús.

[10] Por la “discreción de espíritus”, tan practicada en la espiritualidad ignaciana, se ve que este movimiento extraordinario, suave, fuerte y nada arrebatado...proviene del buen espíritu.

[11] ¿Dónde se ofreció el P. Hoyos a trabajar por el Corazón de Jesucristo? Pudo ser en la misma iglesia de San Ambrosio (hoy Santuario nacional) o quizás, con mayor probabilidad, en la capilla-relicario (antiguo aposento del Vble. P. Luis de Lapuente), que servía de capilla doméstica para los estudiantes jesuitas del colegio de San Ambrosio. En esta devota capilla se expone actualmente cada día el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles.

[12] El 4 de mayo 1733

[13] Con esta expresión se está aludiendo a lo que se llama en lenguaje místico “voces interiores”, “palabras sustanciales”, que dan una certidumbre muy grande al alma y se convierten en palabras “eficaces”, que realizan lo que expresan.

[14] P. Agustín de Cardaveraz.

[15] Se refiere a San Francisco de Sales, fundador de la Orden de las Salesas, a la que pertenecía Sta Margarita, que en aquel tiempo solamente era Venerable.

[16] Alusión al P. Juan de Loyola, que fue el Director espiritual de Bernardo desde su noviciado (1726) hasta su muerte (1735)

[17] La Provincia jesuítica de Castilla comprendía entonces las regiones de Galicia, Asturias, Castilla la Vieja, León, Vascongadas y Navarra. En toda España había 4 Provincias: Castilla, Aragón, Toledo y Bética.

[18] Esta fiesta no vendrá a España hasta el año 1815 y se extenderá a toda la Iglesia en 1856 por el Papa Pío IX.

[19] Se celebraba entonces la fiesta de la Aparición del Arcángel San Miguel el 11 de mayo, hoy suprimida.

[20] Una de las dificultades más serias con que topó la devoción al Corazón de Jesús fue el clima jansenista que se había infiltrado en no pocos lugares de la Iglesia universal y de modo especial en Francia. Los jansenistas fomentaban un ambiente religioso de temor ante la majestad de Dios, alejando con ello a los fieles de la comunión y del trato amistoso y frecuente con Jesucristo.

[21] Es curioso constatar cómo algunos jesuitas, amigos y cooperadores del P. Hoyos, cuando hacían en privado su consagración al Corazón de Jesús, solían firmar la fórmula de consagración con su propia sangre.

[22] Las Letanías del Corazón de Jesús lo invocan como a: “Tesoro de los fieles”, “rico para con todos los que lo invocan”...

[23] Aquí toca el P. Hoyos la esencia de lo que es Dios:  Amor que desea “darse”. En Sta Margarita se expresará diciendo: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse...”

[24] Suenan estas frases a aquello de San Pablo, cuando dice haber sido transportado al cielo, no sé si en cuerpo o fuera del cuerpo, y haber experimentado algo que ni el ojo vió, ni el oído oyó, ni cabe en entendimiento humano lo que Dios tiene preparado para aquellos que le aman.

[25] Entre la Eucaristía y el Corazón de Jesús hay una sintonía tan perfecta como entre el Dador y el Don. De hecho todos los santos que han destacado por su devoción al Corazón de Jesús, han sido –sin excepción- fervientes amantes y adoradores de la Sagrada Eucaristía.

[26] Era el 14 de Mayo de 1733.

[27] Experiencia mística parecida a la de Santa Rita de Casia, al recibir en su frente la espina del Señor crucificado, que a la vez que dolorosa llevaba en sí una inmensa dulzura.

[28] Estando en Medina del Campo, estudiando el segundo curso de filosofía, tuvo Bernardo de Hoyos una serie de gracias y comunicaciones extraordinarias, principalmente en los meses de enero y agosto. El 6 de enero, fiesta de los Reyes Magos o de la Epifanía, junto con sus compañeros renovó los votos religiosos, según costumbre de la Compañía de Jesús. Contando ese favor, escribirá así el P. Juan de Loyola: “En el momento de la comunión...vio dentro de su alma a Jesús muy glorioso, apacible y benigno... El corazón del joven estaba cerrado o como engastado con el de Jesús...Estaban los dos corazones heridos y traspasados con tres saetas pequeñas de oro, cuya punta era el fuego del amor divino, como el dardo que hirió el corazón de Santa Teresa. Simbolizaban los tres votos que poco antes había ofrecido Bernardo” (Vida II, cap 6, párrafo 39)

[29] Los “carismas” son gracias especiales que Dios concede a determinadas personas no sólo para su propio aprovechamiento espiritual, sino también para enriquecer a su Iglesia.

[30] Esta es la que se ha llamado “la Gran Promesa”. Aparece escrita en la bóveda del Santuario nacional de Valladolid, rodeando la circunferencia de la misma. Hay dos versiones, escritas ambas por el P. Loyola: la que estamos comentando ahora, que aparece en la Vida manuscrita del P. Hoyos, y otra que aparece en el libro del Tesoro escondido y que dice: “Reinará en España y con mayor veneración que en otras partes”.¿Cómo se explica esta diferencia? En una dice: Reinaré...; en la otra: Reinará... Es que en el libro de la Vida, cita el P. Loyola teniendo a la vista los escritos de Bernardo, que habla en primera persona; mientras que en el Tesoro escondido el P. Loyola cita narrando el hecho y por ello en tercera persona: Reinará... Lo mismo digamos de: en otras partes, o en otras muchas partes. La frase que ofrece más garantías, evidentemente, es la escrita personalmente por el mismo Bernardo en sus Apuntes espirituales y tenidos a la vista por el P. Loyola cuando escribía el manuscrito de su Vida. Quedémonos, pues, con esta frase: “Reinaré en España y con más veneración que en otras muchas partes” como la más auténtica.

Como dice el P. Uriarte en su libro: Principios del Reinado del Corazón de Jesús en España, no se trata de ningún nacionalcatolicismo o de una especie de pugilato competitivo. En realidad, pensamos nosotros que –viendo ,en conjunto, todas las circunstancias que concurren en esa época- el verdadero sentido de esa frase sería éste: Reinaré en España y con no menos veneración que en otras partes (ya que en nuestra Patria estaba “amaneciendo” esta devoción cuando en otros países era ya casi “mediodía”)

[31] El Hno. Bernardo, con sus 22 años, muestra haber asimilado muy bien las enseñanzas que propone San Ignacio en el librito de los Ejercicios para distinguir los diversos “espíritus” que causan “mociones” en el alma. Amor, gozo, valentía, paz, santa audacia...son los efectos que causa Dios en el alma de Bernardo.

[32]Las Provincias de la Compañía de Jesús en España eran 4: Toledo, Bética, Aragón y la de Castilla. Según el catálogo universal de la Compañía , realizado en 1762 ( con pequeñas variantes respecto al tiempo de Hoyos), los Jesuitas eran unos 22.000, la mitad de los cuales eran sacerdotes. Estaban distribuidos en 5 Asistencias (Italia, Francia, Alemania, Portugal y la de España). En total existían 39 Provincias con 24 Casas Profesas, 669 Colegios, 61 Noviciados, 176 Seminarios, 335 Residencias y 223 Puestos de misión. La Asistencia, llamada de España, abarcaba las 4 Provincias españolas ya citadas, la Provincia de Filipinas, la de Cerdeña, y las 6 Provincias de Iberoamérica: la del Perú, la del Nuevo Reino de Granada, la de Méjico, la de Quito, la de Paraguay y la de Chile. En total, la Asistencia de España tenía (poco después de la muerte del P. Hoyos y sólo cinco años antes de la Expulsión de los jesuitas por Carlos III) 259 Casas, donde vivían 5014 jesuítas, de los cuales 2520 eran sacerdotes. La Provincia de Castilla (a la que pertenecía el P. Bernardo de Hoyos) tenía 33 Casas con 708 jesuítas, de los que 360 eran sacerdotes. Cuando el P. Hoyos habla de extender esta devoción a las Provincias de España, piensa no sólo en la península ibérica, sino también en lo que entonces era España (Filipinas y gran parte de América). Su celo apostólico no encontraba fronteras.

[33] Podemos decir que al principio, la devoción al Corazón de Jesús se extendió, como quien dice: “boca a boca” y, una vez logrado un grupo de jesuitas entusiastas, se lanzará a un apostolado masivo y público.

[34] Es preciso decir aquí, siguiendo la doctrina de la “Harietis aquas” de Pío XII, que la fuente de la devoción al Corazón de Jesús se encuentra en la Sagrada Escritura, tanto en el Antiguo como, sobre todo, en el Nuevo Testamento. El papel de Santa Margarita fue el de hacer caer en la cuenta a la Iglesia del enorme tesoro que se encerraba en esta devoción al Corazón de Cristo. No en vano se la ha llamado la “Evangelista del Sagrado Corazón”.

35] Llama la atención el papel de leader que ejerció Bernardo de Hoyos ya desde el principio. Tenía tan sólo veintidós años, pero arrastraba a jesuitas de más edad y autoridad que él.

[36] Se trata de una religiosa del Convento de San Joaquín y Santa Ana, llamada  Ana María de la Concepción, muerta después en olor de santidad, y cuya lápida sepulcral puede contemplarse todavía hoy en el Museo que este Convento , popularmente llamado “de las Anas”, tiene en la plaza de este nombre. A esta religiosa llevará más tarde el Padre Hoyos una de las primeras estampas del Corazón de Jesús, que mandó traer de Roma.

[37] Algo similar a lo que sucedió en Paray-le-Monial con Santa Margarita de Alacoque (salesa de clausura rigurosa) y el P. Claudio de la Colombière.

[38] El P. Juan de Loyola, que tanto contribuyó al culto del Corazón de Jesús.

 

 
                       
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